viernes, 22 de diciembre de 2006

¡Qué lodo!

Ya dije una vez que la idea principal de todo escritor es buscar ser leído. Bien, basados en esa lógica la idea de todo blogista (no sé si se escribe así) es la de ser leído, igualmente.

Pero con cuántas complicaciones no me he topado desde que decidí que la única forma de ver mi trabajo expuesto a los ojos de todo el mundo sería a través de su Majestad la Red. No sólo hay pocos directorios de blogs, sino que estos te ponen al final de la lista; realmente habría entonces que tener suerte para que un desocupado visite todos los enlaces y al final, por descarte, encuentre tu sitio.

Luego están los motores de búsqueda. En todos (empezando por el infalible Google) he puesto palabras como Novela Blog, Flores Para Irma, Puesto de Combate, etcétera. Jamás aparece mi blog, nunca, como si los buscadores no pudiesen encontrarlo o si simplemente no existiera. Ya sé lo que piensan: hay que pagar siempre por la publicidad. Pero no es tan simple.

Por último, añado esto: la cantidad tan baja de novelas blog que hay en la red, o que al menos están al alcance del usuario desprevenido, son tan pocas que abruman las que existen. Póngase ya en Google y escriban en la barra de búsqueda "novela blog"; encontrarán 365 Novela Blog. Una novela que comenzó el primero de enero de este año y que -eso creo- debe estar por terminar. La historia se ve interesante, pero no habiéndola seguido desde el principio no genera entusiasmo alguno, a parte de que ya está demasiado larga (trescientos y pico de capítulos) para leerla de un tirón.

Por demás las pocas que quedan se le parecen. Alguien por ahí anuncia su novela por entregas —Cristina Rivera Garza la llama blogsívela—, y va poniendo post casi diarios con un título cualquiera. Lean cualquiera de estas y se darán cuenta de que si las publicaran impresas ni de riesgos sacarían la plata para comprarlas: pondré aquí brevemente un ejemplo apócrifo de lo que quiero decir:

CAPÍTULO 4: (post fecha tal)

Y entonces Miguel me trajo las flores. Supongo que eran para Electra, pero me las entregó como si las hubiese comprado para mí. Esas son las mentiras comunes de los hombres. Siempre en busca de quitar una pila de tierra del camino abriendo un hueco en otro lado.

Y fin. Cada post no supera el párrafo, y cada párrafo-capítulo tiene el ingenio de un vaso desechable. Puede que me falte explorar más, pero de momento las novelas blog que he leído son tan malas que espantan. Apuntes en forma de diario de visiones estrechas escritas, lamentablemente, por hombres y mujeres con buen manejo de la redacción, buenos lectores y hasta potenciales novelistas revolucionarios. Ahí están, gastando sus días redactando esos post de porquería. Puede que Flores Para Irma sea una basura digna de ser lanzada a una alcantarilla muy profunda, pero es una novela digna, con todo y sus reglas; planeada y estudiada, personajes concretos y una trama que se desenvuelve y cuyo fin sólo yo —maestro de este calabozo— conozco.

miércoles, 20 de diciembre de 2006

Sobre los concursos literarios

Nota: el presente texto lo escribí hace unos meses y lo repartí a algunos contactos por la web. Ante la creación de este blog muchos de esos contactos me han sugerido que lo publique aquí.

Aunque me habían dicho que este concurso era para "incentivar la apertura de espacios nuevos de narrativa y la entrada de nuevos autores a las lides literarias" la verdad es que ante la noticia y la presentación del nuevo autor ganador del último premio de novela de la editorial norma me quedó claro que los premios de novela son elaboradas, sutiles, e inteligentes maneras de conseguir, por un costo relativamente bajo, a aquellos autores nóveles que son difíciles de reclutar mediante una aproximación personal.

Así, supongamos que yo invento mi propio concurso de novela; Concurso Editorial Nueve de Novela Breve, año 2007. Se premiará al ganador con 150.000 dólares.

Este anuncio parece la obra más bien de un filántropo que quiere apoyar a un nuevo escritor con un grueso cheque y entregarle a los lectores a un novedoso narrador inédito. La verdad es bien distinta:

Primero empiezo por recibir las obras, cientos y cientos de folios de todos los países de Latinoamérica. Tengo entonces un comité de empleados de mi editorial (puedo incluir si deseo a la señora de los tintos y al tipo que sube por la mañana a venderme empanadas) y ellos seleccionan y separan los folios dependiendo de si el nombre del autor les suena. Si hay dudas siempre se pude consultar en Internet.

Teniendo al menos una cuarta parte de los trabajos inicialmente recibidos, separo o, mejor aun, tabulo a los escritores seleccionados en un chart como dicen los economistas y los dj's. Así me queda un top ten de los escritores más vendedores o más reconocidos en el pasado. Entonces entrego las doce o quince novelas seleccionadas a un comité más pequeño de editores profesionales quienes se concentrarán en las posibilidades y el potencial vendedor de cada trabajo.

Estos trabajos finales, pasados por el tamiz del mercantilismo más simple, se entregan a mis queridos amigos escritores profesionales más o menos conocidos, uno que otro periodista o incluso un crítico famoso. Siendo tan pocos como para poderlos controlar en un cuarto (o jaula si se prefiere) llegamos, como en los juicios, a un veredicto: fulanito de tal, reconocido narrador, con una veintena de novelas y libros de cuentos, recientemente expulsado por su anterior editorial pero que aún así puede ser bastante rentable si se le pone la estrategia de ventas adecuada, ha sido el ganador del Primer Premio de Novela Breve Editorial Nueve. Se le entregan los 150.000 dólares, lo que me ahorrará la penosa y costosa labor futura de darle regalías, y se hace un lanzamiento con bombo y platillo: champaña barata y vasos plásticos.

Como ven, es muy fácil hacer un concurso de esta índole, y seleccionar a un ganador no es nada complejo tampoco. Así, señores y señoras que deseen ser parte del hermoso planeta de escritores, lo mejor es que monten, como yo, su propia editorial o que recluten a un empleado de estos emporios controladores del arte; y así, con un buen mecenas terminar siendo el García Márquez de su cuadra o el Cortazar del barrio

lunes, 18 de diciembre de 2006

Razas

Ahora bien, hay varios tipos de escritores; vamos a nombrar unos cuantos porque no conozco al resto. Tal vez esté equivocado en mis observaciones sobre esta especie de artista. Pero ahí voy de todos modos.

Primero tenemos al profesional. Son los peores, porque están muy emparentados con los supuestos "artistas", como los cantantes Juanes o Shakira, o incluso el pintor Boteros. Gente que produce maquinalmente productos de venta masiva. En ello no hay inspiración, ni trasfondo. No necesitan llorar en sus habitaciones cerradas y anotar sus pensamientos en pequeños diarios que guardarán hasta que decidan compartirlos al mundo. No, simplemente tienen horarios fijos de trabajo, equipos completos de asistentes a sueldo que fabrican, con ayuda de técnicos en todas las áreas, sus así llamadas obras. Luego las venden como se hace con los chocolates. La mayoría de los autores que siguen esta línea están por los lados de la autoayuda, aunque se cuenten unos cuantos novelistas.

Segundo, los consagrados. Piense ya en tres nombres de autores relevantes colombianos (o de su país) que le vengan a la mente. Sí, tal vez leyó sobre ellos en el periódico, o en la revista de actualidad que reposa arrugada a un lado del sofá. Estos hombres y estas mujeres antaño fueron artistas; en parte algo conservan de su antigua piel, más que todo los vicios; siendo que la verdad es que producen en condiciones "profesionales" a un ritmo ajustado por el gong del editor. ¡Pong! Anuncie su nueva novela. ¡Pong! Anuncie que viajará a París para buscar inspiración. ¡Pong! Entréguela al equipo editorial. ¡Pong! Anuncie el lanzamiento. ¡Pong! Vaya a firmar autógrafos. Pobres. Aunque algunos parecen disfrutar de esa condición.

Tercero, los creadores. Dícese de aquel o aquella que tiene un trabajo, una vida, pareja, auto, o nada de eso, pero que a ojos de sus vecinos es "un tipo normal" excepto cuando llega la noche o se enciende la mañana; se plastan frente a la computadora o fuman un rubio con un cuaderno entre sus piernas y una pluma de fuente en la mano y comienzan a crear. Un huracán que arrastra hasta sus manos una galería de recuerdos, de frases, de pensamientos, de puntos de vista; los ojos de la hija puber del vecino, esa mañana de la infancia en que vio a su madre charlando con un tipo que no era su padre y que le tocaba impunemente las piernas, olores a cuartos inspirados por lo no visto y leído en un texto de Kafka, en fin... Algún día estos ponen todo en grandes carpetas en dos copias y lo mandan al editor olvidándolo por completo. Luego ven su nombre en la librería, ahí, resaltando sobre una pintura francesa expresionista tachada por un título que no recuerdan haberle puesto. Manos a los bolsillos, una llamada a sus móviles, la vida sigue.

Cuarto, nosotros, los no leídos. ¿Quiénes somos? Nadie nos ve hacer lo nuestro. Escribimos cuando nos da la gana. Tu novio te gritó; vas a casa y redactas su sentencia de muerte, de cómo hundirás el cuchillo de la cocina al corazón donde nunca pudiste entrar. Cuidas de no poner tu nombre y te adjudicas un seudónimo sexy; haces lo mismo con tu novio, por si los investigadores pretenden usarlo como prueba. Es más, para borrar todo rastro cambias tu ciudad por Chicago o Bruselas; y como no están solos en esta trama los personajes secundarios empiezan a aflorar en cada escena. Pones un poco de lo que has visto en las películas de Jarmuch en las letras de Radiohead, y un día sales tras recibir la llamada de tu novio. Corres a su encuentro, se besan en un parque, se juran que se aman y ese amor te quema el corazón como sólo el deseo puede hacerlo. Lo amas, sí, maldita sea. Pero tienes ya que redactar el noveno capítulo y no estas segura si en tu historia èl sobrevivirá.

Y hay otros... son diversas especies, distintos reinos. Los hay solitarios y gregarios, monogámicos y poligámicos. Unos se esconden: como el gurú de los estrategas de marketing que redacta largos relatos de amor sadomasoquista. Y la escritora ahijada del duro de los editores del país que sueña con ser, simplemente, gerente de cartera. Cada luna dos fases

domingo, 17 de diciembre de 2006

La Génesis

La lectura de Flores Para Irma podría traer a algunos lectores enfocados diversas preguntas, y creo que este es el espacio adecuado para darles respuesta. Uno de los objetivos principales para escribir en un blog es tener una forma de contacto con los potenciales lectores; así, lo correcto es que estas preguntas se anotaran el la sección de "comentarios" -que no ha llegado ninguno-. Entonces, a medida en que yo mismo descubra abismos demasiado oscuros en la trama de mi historia, iré poniendo nuevos "posts" con las respuestas.

¿Quién es Leo Katz, hasta el momento en que inicia la trama? Aunque espero resolver ese vacío, esa falta de pasado, en futuras novelas, es justo con el juicioso lector darle algunos apuntes sobre nuestro héroe:

Leonardo es originalmente un seudónimo de un aprendiz de escritor estadounidense llamado Paul Fields. Fields nace en Anchorage, Alaska, y muy joven emigra a Sur América con el deseo de encontrar los lugares de los que surgieron las historias creadas por las plumas de los escritores más relevantes del Boom Latinoamericano. En Chile adopta ese seudónimo y comienza a escribir en español mientras convive alegremente en una especie de comuna de aprendices de escritor.

Su viaje a Colombia lo realiza de la mano de Ángela Katz, una bella y joven editora bogotana de una acomodada familia judía. Y lo que en un comienzo fue un romance se transforma velozmente en matrimonio. Tristemente, Ángela muere y a la misma velocidad que lo conocieron, la familia Katz se olvida de Leonardo.

En medio del estado de naufragio (económico y sentimental) en que se encuentra, se topa con una brutal asesina a sueldo experta en cazar comunistas. Cuando Leo, involuntariamente, le salva la vida, ella lo convierte en su compañero de viaje y ocasionalmente en su amante (El Aprendiz de Escritor)

Una vez que la asesina ha cumplido su contrato y ha abandonado el país, Leonardo continúa su búsqueda de empleo e inspiración. Por un error en el manejo de ciertos datos es reclutado por un ex militar y asesor del Mossad llamado Zil, quien lo envía a una granja en Iwoa donde junto a otros muchachos es entrenado como guerrillero urbano para desarticular una alianza entre diversos grupos de neonazis que planean una campaña de exterminio masivo de judíos (Las Espadas en el Viento).

De esta experiencia de combate quedan las cicatrices en el alma de Leonardo, así como su amistad con un muchacho alemán llamado Sigismund Hegel. De igual forma queda tendida carga de ser un mercenario y un espía, cosa que al parecer Leonardo Katz nunca podrá quitarse de encima -pese a sus grandes deseos de ser un joven escritor latinoamericano- y que eventualmente lo llevará a la tumba.

Entonces, aquí nos encontramos; Leo está por viajar a Teherán a cumplir una sencilla misión para los hombres grises del barrio McLean. ¿Será tan fácil? No olvide seguir esta emocionante serie...

viernes, 15 de diciembre de 2006

¿Cómo?

¿No les parece a veces sospechoso que un autor ponga en la estantería de la librería más próxima a su casa, dos y hasta tres libros, en el transcurso de un solo año? Si he decidido empezar con esa pregunta, no es para que se de vueltas en su silla reprochando mi ignorancia con sus sabias respuestas. No, lo que trato de decir es que, ¿cuál es el método que usan? Tienen un formato preestablecido de redacción, con, quizá, un cuestionario que van llenando con, por ejemplo, nombre de la obra; nombre del personaje principal, personaje secundario, escenario 1, escenario 2, escenario 3 etcetera. ¿Me explico? No voy a citar nombres, pero hay algunos vivos que quizá ya tienen un software similar al word que usted y yo usamos en la inocencia de nuestra ignorancia; el programa lo contiene todo para transformar, en unas cien horas hombre, un puñado de ideas sueltas (muchas tomadas de la pila de diarios y revistas que este escritor acumula en la buhardilla) en una novela de doce capítulos a la que los editores y sus secuaces de las agencias publicitarias tildan de "innovador", "revolucionario", o simplemente: "la novela del año". Tonterías. Muy posiblemente me estoy equivocando y aquellos como L. Becerra, J. Franco, y todo el listín de Notables de la literatura latinoamericana (y no excluyamos a nuestros primos de la Península) tan sólo se sientan en cafés literarios de París a Bogotá con su Moleskine junto a un expreso americano fuerte (eso del agua mineral a lo Cortazar es demasiado espartano, digo yo) y tras un suspiro empiezan a escribir frases sueltas, fragmentos de conversaciones y eslóganes de corte literario, para luego, cuando despunta el alba, sentarse, cigarrillo en mano, frente a la Remington (cuando no se tiene iMac o alguna de sus parientas) y golpear hasta el ocaso las teclas creando, a punta de ingenio, una historia de profundos abismos, allí donde el lector puede toparse con verdaderas perlas de la composición. El proceso, claro, es mucho más complejo de lo que aquí puedo citar, quedaría como un tonto, incluso, si tratara a través del sarcasmo de simplificarlo todo, y si alguno de los Notables, M. Mendoza, S. Gamboa, u otros, se sienten insultados, pues, perdonen el atrevimiento. Mas lo que quiero decir es simple; hay artistas, forjadores de relatos maravillosos, a quienes les toma tiempo cada línea, cada párrafo, y un personaje hasta dos semanas. Pero también hay pájaros con colosales ingenios de la fabricación de textos en masa. Los hay y muchos. Así que vuelvo al título, demostrando que ni yo puedo escribir a diario cosas realmente buenas, así, de facto. ¿Cómo?

miércoles, 13 de diciembre de 2006

¿Qué sentido tiene escribir en un blog?

Ante todo, el escritor necesita un aliciente más poderoso que el mero deseo de contar. Está el deseo de ser publicado; de ser visto y ser leído.

Todos aquellos escritores que buscan cubrirse con el rótulo de "malditos", y que en swu afan de marginalidad dicen odiar lo que escriben, u odiar la fama potencial que cargan sus trabajos, son, generalmente, seres de dos caras en el fondo afectos del deseo que despierte sus trabajos. Sueñan, para dejarlo en claro, con una gran recepción de elegantes caballeros, damas de sociedad y señoritas en escotados trajes de noche; todos pendientes del nuevo y joven escritor revelación del año. Él (en pocos casos ella) estarán de pie, acodados junto a una mesa llena de licores caros, con el traje de etiqueta mal puesto, la corbata floja, el pelo desordenado, una mirada de aburrimiento, y claro, el insulto a los otros a flor de labios.

El deseo de ser un artista revelde es propio de los jóvenes, como no podría ser de otra forma. Pero en el fondo el sueño siempre terminará con un pánel completo en la librería principal con la obra de aquel soñador y su nombre en grandes letras cubriendo el cincuenta por ciento de la carátula.

Pocas veces, sin embargo, este deseo surge de una necesidad económica. Nadie, por malvado que sea, se pone frente a la máquina con la misión de hacer millones con un texto de ficción. Quizá con la excepción del señor Cohelo. Pero el resto de nosotros tenemos el ideal de ser leídos, SEA ESTA LA META. Por tanto, muchos recurren a las revistas, a los periódicos, a cualquier punto donde sus ideas codificadas en relatos puedan ser de dominio público.

Yo no soy distinto a aquellos hombres y mujeres, quiero que las aventuras de Leo Katz, agente secreto, puedan ser leídas por todos. Ante la imposibilidad de ver Flores Para Irma impreso y puesto a la venta, pues queda aquí, gratis, en esta vitrina mundial de la información. Disfrútenlo antes de que algún vivo me pague por los derechos de publicación.

sábado, 9 de diciembre de 2006

El Aprendiz de Escritor

He decidido crear este blog como un apoyo de Puesto de Combate. Y explicar aquí algunas cosas de aquel, así como poner unas opiniones de indole claramente personal. Lo primero es explicarles quién es Leonardo Katz:

Leo Katz es el agente secreto de ficción que he creado como protagonista de mis novelas. Es la clase de tipo cualquiera -un tanto exéntrico si se quiere- que se ve envuelto en el confuso mundo del espionaje actual.

¿Por qué escribir sobre espionaje? La Guerra Fría pasó, y de por sí los escritores lationamericanos no deben tratar con temas ajenos a su "realidad" o, mejor dicho, a la causa según que, según el canon del escritor joven suramericano heredero del Boom, debe tener. No creo en tales estupideces. No creo que los autores de ahora deban ceñirse a la realidad de su región, por todos los cielos. ¿Qué hay aquí en Colombia que valga la pena? Nada.

Así, a diferencia de todos los escritores jóvenes actuales -que, dicho sea de paso, superan la barrera de los cuarenta años-, he tomado la decisión de crear una ficción a lo Borges, lejos, muy lejos de mi contexto de vida: lejos del detective, o el periodista, colombiano (bogotano en muchos casos) que se encuentra de buenas a primeras con un interesante caso de una prostituta o una modelo asesinada -o prepago, que viene a ser lo mismo-, y en medio de la trama se enreda con alguna mujer, amen de verse envuelto en toda una trama con políticos, policías corruptos, y gente de la prensa. Ni mierda. Voy a escribir una novela seria, sin bromas, basándome en los elementos típicos de las novelas de espías a lo le Carre, Forsyth o Clancy (y si me dan vuelo, hasta Fleming).