lunes, 18 de diciembre de 2006

Razas

Ahora bien, hay varios tipos de escritores; vamos a nombrar unos cuantos porque no conozco al resto. Tal vez esté equivocado en mis observaciones sobre esta especie de artista. Pero ahí voy de todos modos.

Primero tenemos al profesional. Son los peores, porque están muy emparentados con los supuestos "artistas", como los cantantes Juanes o Shakira, o incluso el pintor Boteros. Gente que produce maquinalmente productos de venta masiva. En ello no hay inspiración, ni trasfondo. No necesitan llorar en sus habitaciones cerradas y anotar sus pensamientos en pequeños diarios que guardarán hasta que decidan compartirlos al mundo. No, simplemente tienen horarios fijos de trabajo, equipos completos de asistentes a sueldo que fabrican, con ayuda de técnicos en todas las áreas, sus así llamadas obras. Luego las venden como se hace con los chocolates. La mayoría de los autores que siguen esta línea están por los lados de la autoayuda, aunque se cuenten unos cuantos novelistas.

Segundo, los consagrados. Piense ya en tres nombres de autores relevantes colombianos (o de su país) que le vengan a la mente. Sí, tal vez leyó sobre ellos en el periódico, o en la revista de actualidad que reposa arrugada a un lado del sofá. Estos hombres y estas mujeres antaño fueron artistas; en parte algo conservan de su antigua piel, más que todo los vicios; siendo que la verdad es que producen en condiciones "profesionales" a un ritmo ajustado por el gong del editor. ¡Pong! Anuncie su nueva novela. ¡Pong! Anuncie que viajará a París para buscar inspiración. ¡Pong! Entréguela al equipo editorial. ¡Pong! Anuncie el lanzamiento. ¡Pong! Vaya a firmar autógrafos. Pobres. Aunque algunos parecen disfrutar de esa condición.

Tercero, los creadores. Dícese de aquel o aquella que tiene un trabajo, una vida, pareja, auto, o nada de eso, pero que a ojos de sus vecinos es "un tipo normal" excepto cuando llega la noche o se enciende la mañana; se plastan frente a la computadora o fuman un rubio con un cuaderno entre sus piernas y una pluma de fuente en la mano y comienzan a crear. Un huracán que arrastra hasta sus manos una galería de recuerdos, de frases, de pensamientos, de puntos de vista; los ojos de la hija puber del vecino, esa mañana de la infancia en que vio a su madre charlando con un tipo que no era su padre y que le tocaba impunemente las piernas, olores a cuartos inspirados por lo no visto y leído en un texto de Kafka, en fin... Algún día estos ponen todo en grandes carpetas en dos copias y lo mandan al editor olvidándolo por completo. Luego ven su nombre en la librería, ahí, resaltando sobre una pintura francesa expresionista tachada por un título que no recuerdan haberle puesto. Manos a los bolsillos, una llamada a sus móviles, la vida sigue.

Cuarto, nosotros, los no leídos. ¿Quiénes somos? Nadie nos ve hacer lo nuestro. Escribimos cuando nos da la gana. Tu novio te gritó; vas a casa y redactas su sentencia de muerte, de cómo hundirás el cuchillo de la cocina al corazón donde nunca pudiste entrar. Cuidas de no poner tu nombre y te adjudicas un seudónimo sexy; haces lo mismo con tu novio, por si los investigadores pretenden usarlo como prueba. Es más, para borrar todo rastro cambias tu ciudad por Chicago o Bruselas; y como no están solos en esta trama los personajes secundarios empiezan a aflorar en cada escena. Pones un poco de lo que has visto en las películas de Jarmuch en las letras de Radiohead, y un día sales tras recibir la llamada de tu novio. Corres a su encuentro, se besan en un parque, se juran que se aman y ese amor te quema el corazón como sólo el deseo puede hacerlo. Lo amas, sí, maldita sea. Pero tienes ya que redactar el noveno capítulo y no estas segura si en tu historia èl sobrevivirá.

Y hay otros... son diversas especies, distintos reinos. Los hay solitarios y gregarios, monogámicos y poligámicos. Unos se esconden: como el gurú de los estrategas de marketing que redacta largos relatos de amor sadomasoquista. Y la escritora ahijada del duro de los editores del país que sueña con ser, simplemente, gerente de cartera. Cada luna dos fases

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