viernes, 30 de marzo de 2007

Literalmente Literario


Hace cierto tiempo me topé con un artículo de la revista Qué Leer en el que, a manera de comentario, analizan un fenómeno que desde mi punto de vista puede poner a dos pasos de la extinción a la literatura hispanoamericana: la falta de buenos contenidos en sus novelas.

Tristemente no pertenezco a esa especie afortunada que va a la librería una vez por semana, adquiere tres o cuatro libros "actuales" y pasa unas cuatro horas diarias, cuando menos, dando buena cuenta de estos ejemplares. Si así fuese podría sin temblores lanzar mejores juicios sobre la profundidad argumental de las novelas contemporáneas, pero, no siendo este el caso, me limitaré a opinar sobre lo que veo en las contraportadas y en las sinopsis de las publicaciones especializadas.

¿Qué es lo que veo? Tramas policíacas. La suma de un cadáver, un detective y una mujer; generalmente invariable. El escenario cambia, los nombres cambian; en algunos casos el detective es periodista o incluso un ama de casa subyugada por días calcados. Como fuere un sinnúmero de obstáculos truncarán el buen flujo de la investigación hasta que... ¡el asesino no es el mayordomo! Sino un político famoso.

Lo dicho anteriormente tiene demasiados ribetes de colombianidad escrita. Pero lo que pretendo enseñarles es la base de al menos un centenar de novelas famosas. El misterio pues como núcleo líquido que deberá atraer al lector y hacerlo masticar los párrafos hasta la última hoja.

Simplemente intente esto: vaya a esa gran librería que acostumbra visitar para hacerse a nuevas obras. Busque los libros más vendidos o al menos aquellos escritos por los escritores "sobresalientes"; se dará usted cuenta de que, de cada diez, siete al menos encierran, en una trama de misterio, un supuesto componente "literario". Algo como esto:

"Piotr es un camarero uruguayo de origen ruso que trabaja en un restaurante de Buenos Aires. Una noche conoce a una bella mujer que ha sido golpeada por su marido. Él se enamora perdidamente y le promete, por cualquier medio, ayudarla. Sin embargo, Agatha desaparece y su cadáver es encontrado en un burdel de mala muerte. Piotr se encargará entonces de la búsqueda de aquel marido celoso para hacerlo pagar por su crimen. Sin embargo, a medida que la investigación avanza, Piotr se verá envuelto en una serie de oscuras maquinaciones de políticos corruptos y sectas satánicas."

Más abajo encontramos:

"Fulanito de Tal, profesor y catedrático de literatura de la Universidad Something, autor de varias novelas (aquí un par de ejemplos), nos maravilla una vez más con esta magistral narración actual sobre las pérfidas tramas que se tejen en los nichos del poder de América Latina y la desazón y soledad que envuelven a los inmigrantes, todo ello mezclado con buenas dosis de misterio e intriga, como las mejores novelas de suspenso del Viejo Continente".

Lo peor es que Fulanito de Tal, con todo y sus estudios (o quizá a razón de ellos) no tiene la obligación de hacer buen uso del lenguaje, ni preocuparse por el estilo, o siquiera por presentar una trama sólida e impredecible. No, le bastará copiar un par de formatos de novela policíaca inglesa -de esas donde los presuntos asesinos se sientan en una sala de tapices oscuros y el detective va resolviendo gradualmente el misterio-, inventar luego una serie de personajes tan falsos como monedas de cuero; generalmente encabezados por protagonistas ataviados de cierto patetismo patológico como el tal Piotr, inspirados en el antihéroe latinoamericano de figura contrahecha como en las novelas de Roberto Bolaño —cuando no inspirados por la propia efigie de aquel chileno—; súmese a ello el típico tirano de traje sastre, labios caballunos y un puro entre los dientes; y claro, ¡como olvidarlo! La dama, la bella que desata la investigación, de aspecto inspirado en una de esas divas de la mal llamada "era dorada" de Hollywood, de la cual quizá se enamoró perdidamente el escritor, y que ahora pretende, claro, meternos entre los ojos.

Lugares comunes y algún revolver humeando en una fría esquina o en un restaurante siciliano. Mucho de esto creo yo ya lo había explotado Ian Fleming, pero sucede que ya nadie lee a Fleming y que muchos repudian los filmes de James Bond, tanto como repudian a quienes se han salido de esta línea de montaje como es el caso de Efraín Medina.

Es hora de volver a tramas más sencillas, o más complicadas; la literatura no se basa siempre en argumentos, y tratar de impresionar al lector con una sinopsis debe ser innecesario cuando se le presenta una obra de calidad, escrita a conciencia. Así que, señor escritor, el haber ganado fama y premios no le da ningún derecho a relajarse o escribir pendejadas, si en el pasado inventó algo bueno es su deber, como artista, alcanzar una nueva meta, aunque eso le quede difícil de entender cuando ya tiene asegurado un adelanto de cien mil dólares sobre una historia que aún no ha empezado a escribir.

¿Verdad?

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