miércoles, 11 de abril de 2007

Sin borradores... Sin Corrección.

Ante la lectura de los últimos dos capítulos de Flores Para Irma, un conocido me preguntó por mis métodos de trabajo. Le contesté con toda la sinceridad del mundo: abro el archivo en word donde conservo el original, leo los últimos párrafos (para no perder el tono) y sigo escribiendo hasta que termino el capítulo o hasta hastiarme. El resto es Cut + Paste. Él quedó algo desconcertado; no le veía sentido a que alguien simplemente fuera martillando las teclas hasta componer párrafos y párrafos de una historia. Su interés se expresó en el resto de las preguntas que me hizo esa tarde queriendo saber si yo fabricaba primero un borrador a mano, luego lo verificaba; le añadía algunos toques personales, lo hacía revisar de algún amigo con capacidad crítica, lo mecanografiaba en la PC y lo dejaba en remojo hasta que, pasados un par de días, las fallas y erratas flotaran en la superficie y pudieran ser pescadas.

El procedimiento mencionado arriba pertenece a la antigua escuela; la buena escuela. Pero Flores Para Irma pertenece al nuevo Instituto: al concepto moderno del microrrelato, o el cuento de bolsillo. A esta nueva escuela se han enrolado escritores jóvenes, viejos, aprendices de escritor y redactores aficionados. El objetivo es crear belleza bajo el protocolo de la improvisación. Los resultados están plasmados en cientos de blogs en toda la Red.

Sin embargo; siendo Flores Para Irma una novela -que parece ser la única, además-, estos relatos breves deben seguir ciertas reglas. Unas son muy obvias: mismos personajes, mismo punto de vista narrativo, misma búsqueda argumental. Otras leyes se aplican con menos rigidez lo que causa, a veces, violaciones al "canon", como es el tema de la "velocidad".

Para quienes no lo sepan, todo escritor debe saber acelerar y aplicar el freno en una narración, especialmente si es un cuento. En algunos casos, claro, los escritores buscan impresionar, o perturbar al lector con cambios sustanciales en el ritmo; pasar de lentas imágenes en retrospectiva a fugaces impresiones futuras o presentes, o tal vez a secuencias de ritmo vertiginoso. Pero esas estratagemas sólo sirven si el escritor es cuidadoso y sabe llevar las riendas de la historia.

Yo no he seguido ni esa ni ninguna pauta de control, ni lo haré hasta que este proyecto esté terminado. Ahí vendrá el verdadero trabajo de revisión y corrección; por lo tanto, algo de lo que se ha visto en estos primeros 18 capítulos será cambiado. Nombres precisos de sitios exactos, nombres de personajes, fechas, horas etcétera. No así el desarrollo general de la historia, ni los contenidos propios de los capítulos.

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