miércoles, 20 de junio de 2007

Hechos vs Ficción: Desbancando Algunos Mitos.

Agencia Central de Inteligencia. Junio 14 2007
A través de los años, muchos cineastas y autores han pintado diversos
retratos de la CIA y sus empleados. Todos recordamos las películas
acerca de la vida glamurosa y sofisticada de los espías karatecas. ¿Y
recuerda todos esos super ingeniosos artilugios tecnológicos ocultos en
autos, en la ropa, o hasta en los espías mismos?
Pero, ¿qué es real? ¿Tiene la CIA empleados como Jack Bauer de 24 o a
Sydney Bristow, o gadgets como los que se ven en James Bond y Misión
Imposible? ¿Será que todos nuestros agentes manejan autos deportivos,
viven en el anonimato y nunca ven a sus amigos y familia?
Algunos libros y películas han expuesto un retrato irreal de la Agencia
Central de Inteligencia de los Estados Unidos. Al tiempo que mucho de
lo que ves es entretenido (¡a nosotros también nos entretiene!), mucho
de ello no es verdad. Y aquí estamos para desbancar algunos de esos
mitos.
Mito: No ves ni a tu familia ni a tus amigos.
La vida de nuestros agentes es agitada y el trabajo que ellos hacen es
secreto. Pero eso no significa que vivan en el anonimato ni que nunca
vean a sus familiares o amigos. La mayoría de las carreras en la CIA
son muy similares a los de cualquier gran empresa. Tenemos ingenieros y
especialistas en telecomunicaciones, doctores, abgads, libreros,
analistas, científicos, investigadores e inventores, entre otros. Y
aunque viven ocupados, sus familias y amigos son parte de su vida
diaria.

Mito: Manejas autos deportivos de lujo con ametralladoras en los tubos
de escape.
Aunque a algunos de nosotros nos gustaría que fuera cierto (quiziera el
mío rojo, por favor), las persecuciones a través de avenidas de
ciudades en el extranjero con ametralladoras disparando de los tubos de
escape son cosas de Hollywood. Hay ciertas carreras en la CIA que te
pueden poner en contacto con eventos a nivel internacional, per
nuestra principal misión es recolectar inteligencia. Cada empleado de
la CIA es parte de un esfuerzo, así trabajen en una oficina o en el
campo de acción.

Mito: Tienes que ser un superhombre.
Todos hemos visto películas o leído libro donde los agentes de la CIA
sobreviven a descargas eléctricas, y en cuestión hacen del karate su
mejor recurso para salir del peligro. Bien, para trabajar en la CIA no
necesitas saber karate ni poseer fuerza sobrehumana.

Todos nuestros empleados, sin embargo, deben poseer inteligencia, tener
la habilidad de de tomar buenas desiciones, y estar dedicados al
servicio de los Estados Unidos. Nosotros recolectamos y analizamos
inteligencia, lo que significa que nuestro trabajo inclucra
asesoramiento y monitoreo de desarrollos internacionales, en ambientes
políticos, científicos y tecnológicos.
Mito: Atiendes fiestas con millonarios y les muestras tus habilidades para el tango.
Tenemos empleados que viajan a través del mundo haciendo cosas exitantes -y a veces extraordinarias-. Pero, debe saberse, nuestros empleados son gente normal que vive vidas regulares. La mayoría ejecuta funciones administrativas que son escenciales. Dependemos de esa gerencia y personal para el éxito operativo, tanto en casa como en el exterior.
Para más información acerca de la vida real de los empleados de la CIA, visiten www.cia.gov/careers/life-at-cia/index,html.

viernes, 8 de junio de 2007

Acerca de R. Bolaño

Acabo de terminar de leer "Entre paréntesis", el compendio de los muchos escritos de Roberto Bolaño publicados o simplemente arrojados verbalmente ante las audiencias de premios de novela o festividades locales.

Nunca había leído a Bolaño, con excepción de un breve discurso anclado en puesto preferencial en un librito llamado "Palabra de América" junto a otros 'grandes' de la nueva generación latinoamericana de escritores, reunida hace unos años en Sevilla.

Roberto B. murió poco después de este encuentro y su fama explotó desde la editorial Anagrama en todas direcciones; sus antes escondidas novelas que sólo se encontraban, de forma completa, en la Librería Lerner, y el nombre de este gran escritor se me mezclaba demasiado en la cabeza con el de Roberto Gomes Bolaños, el Shakespeare mexicano de tendencia humorística del siglo XX. Así que no le presté mucha atención al chileno.

Al llegar a la mitad del libro, lancé al vacío -porque no la vio nadie- la siguiente afirmación: Bolaño tiene la erudición de un viejo y la audacia escrita de un muchacho. Está equidistante tanto de la mayoría de los autores actuales, los cuales sólo revolotean entre poesía barata y unos cuantos clásicos, y de los apelmazados ratones de biblioteca, ya muy entrados en años, que se esfuerzan en cada una de sus novelas de hacerse ininteligibles.

A la hora de plasmar estas líneas no he leído nada de Bolaño en sí. Pienso empezar por sus cuentos y algún día espero tener los ciento y punta mil de pesos que cuesta su 2666; hasta entonces puedo estar errado hasta en la ortografía de su nombre.

Algo que pude confirmar mediante la lectura de sus escritos: todo escritor debe tener, amen de sus cinco sentidos de mamífero, el sentido del erotismo, de la estética literaria y sobre todo, el del humor. Quien no puede reírse de sí mismo y de lo que lo rodea está jodido, y creo que el buen Roberto lo entendía.

Es terrible que su cuerpo sea ahora pasto de los gusanos -si es que no tuvo la suerte de ser cremado-, y también es terrible que hasta ahora empiece a ser reconocido, o al menos que hasta ahora empiece a llegar a nuestras manos. El mes pasado, durante la Feria del Libro de Bogotá, Chile fue el 'invitado de honor'. Tenían un pabellón para ellos solos, pero me sorprendió que uno de sus autores más premiado y quizá el más revolucionario en materia de prosa, no tuviese la más mínima representación ahí. Muchos buenos escritores y sus actuales y bien publicitadas novelas; Neruda, siempre, y otros más 'friendly' como Skármeta y Allende, pero de Bolaño, nada. Actitud que debemos quizá a esa dictadura de puta mierda que aterrorizó Chile y obligó a Roberto B. a buscar la seguridad del mundo libre, lo que lo terminaría llevando por México DF hasta Blanes, y a ser más recordado por novelas de corte mexicano o español que sudamericano.

Espero algún día poder consumir todo ese excelente material que dejó este muchacho, asaltante de librerías, crítico implacable que no dejó de escribir aunque la proscripción le amenazara, y escribir un ensayo, pero bueno, algo que él hubiese disfrutado, de lo que se hubiese sentido orgulloso si hubiese yo sido uno de sus discípulos, cosa que, además, nunca tuvo. RIP.

sábado, 2 de junio de 2007

Escritor

Ante mi deseo de escribir un microrrelato, o sea, un cuento brevísimo, redactaré lo siguiente bajo el título "Breve Biografía de Truman Capote": Escritor.

Ya está, un cuento de una palabra. Si creen que soy un mal comediante, los que están orinando por fuera del tiesto son otros. No les voy a contar nada sobre estos llamados "microrelatos", considerados los cuentos más cortos del mundo, de los cuales ninguno es, como en este caso, de una sola palabra, pero rara vez superan las siete.

La introducción de aquel primer párrafo fue para expresar globalmente una idea: Truman Capote era un ESCRITOR, de la e a la r. Aunque algunos lo fichen en las filas del nuevo periodismo como un nuevo periodista, no creo que realmente lo haya sido. A Sangre Fría, la crónica novelada más famosa de América, fue gestada por el deseo de Capote de probar otras aguas distintas a las de la ficción.

En una entrevista, el autor de Color Local, muestra su interés por probar los distintos campos de la escritura. Y así como escribió para el teatro, sin que ahora sea señalado como dramaturgo, o para el cine, sin que ahora nos lo mencionen siempre como guionista, referirse a él como un periodista me parece un tanto inexacto. No le caben igualmente la delgada escarapela de novelista; si su obra fue un todo, es un escritor, alguien que vivía por y para las palabras, con un amor, o simplemente un cuidado que le permitieron poner en la imprenta algunos textos de balanceada belleza.

Y creo, al llegar a este punto, que ese debe ser el verdadero deber del escritor: dedicarse al idioma, a las palabras, al manejo pulido de los temas sobre un texto erigido bajo las casi incontrolables reglas de la belleza, de la estética. Al menos esa es mi opinión.