jueves, 20 de septiembre de 2007

Órdenes y Contraórdenes.

Finalmente he podido publicar el capítulo 24 de Flores Para Irma; aunque su presentación no me halague mucho: los párrafos aparecen pegados, no llevan el tipo de letra que deseo, su lectura se presenta difícil y las palabras en bastardilla han quedado en redondas. Todo un caos. Un caos del que acuso a Blogger por hacer plantillas de creación de entradas tan rígidas.

A parte de mis problemas con la red debo comentarles sobre mis problemas con la redacción de Flores... Y es que esta novela ha sido urdida mediante una serie de escenas clave, algunas muy evidentes y otras que tal vez pacen desapercibidas. Entre uno y otro pilar voy tendiendo puentes con la esperanza de que el último de estos alcance un final digno de un elogioso gesto en los labios del lector.

Elaborar estos puentes puede ser bastante tedioso: escribes sobre algo que no crees y debes tratar de vendérselo a un lector cuidadoso que, con un toque de su varita mágica, se transformará en crítico literario, y como león de acto de mago saltará para hacerme pedazos.

Ciertamente no soy físicamente capaz de escribir algo si no soy estoy en paz; pero hay días en que uno debe hacer sacrificios. Como en estos días anteriores en los que me vi a rastras por sacar adelante un capítulo tan, pero tan, pero tan aburrido. Pido disculpas, es sólo un puente que pretende llevar al lector hasta esa parte vital de la historia. Ya escucho el hacha del verdugo: cada fragmento del texto debe ser de igual valor. ¡Pues no! Es difícil escribir bien de tiempo completo, maldita sea, ustedes que no son escritores no pueden saberlo y los que lo son pues no han tenido que toparse con algo como Flores Para Irma: estoy armando esta novela a pedazos.

La defensa descansa, su señoría.

2 comentarios:

Sibilax dijo...

Que responsabilidad entonces la que me corresponde!
S.

John Carvajal dijo...

Bueno, no hay justificación, amiga; excepto por el hecho de que soy un escritor de ficción y la escencia de mi trabajo es la estética y el estilo. Cuento una historia traída de los cabellos que pretendo hacer verosimil, en vez de alimentar hojas con tan lóbregos pensamientos como se leen en tus blogs.