lunes, 3 de septiembre de 2007

Todo es nada y lo contrario

En menos de cien horas di cuenta de uno de los mejores textos acerca de historia y de la razón con que me haya topado en esta vida: La puta de Babilonia, de Fernando Vallejo, grande en latinoamérica, más grande aún en Colombia, donde pocos lo superan.

Vallejo, siempre odiado en su ex-patria (ahora es mexicano puro), en parte por ateo, en parte por homosexual, en parte por decir verdades de a puño, es recordado entre los lectores nacionales más que todo por La virgen de los sicarios, El desbarrancadero y otros títulos de ribetes autobiográficos que nunca apuntan hacia temas generales de la especie humana, sino a sus problemas personales.

Yo, que nunca he leído nada de él antes, siempre le tuve en gran estima ante todo por ser un maestro de la gramática y una persona culta comprometida con su idioma. En SoHo y otras publicaciones ha dejado textos memorables que serán vendidos en conjunto y por un precio asquerosamente alto cuando este paisa muera. Espero que eso pase por ahí en unos doscientos años.

En un post anterior dejé en claro que si alguien quiere escribir algo bueno tiene que hacerlo acerca de algo que conoce; pero que si quiere escribir algo muy bueno debe ser sobre algo que odie con todas sus fuerzas. La puta de Babilonia es un gran ejemplo de mi teoría. Vallejo odia a la iglesia católica, desprecia a la religión, y no puede sentir más que asco por sus jefes encapotados del Vaticano. En su último libro decidió, como lo deja claro al comienzo, cobrarle a este enemigo todas las que le ha hecho, y comienza ahí un texto ejemplarmente escrito, irónico, ácido, fuerte, crudo, gracioso, serio, muy profundo, e incluso doloroso.

Aquí los ateos tenemos un texto de consulta directo para ver los crímenes varios del cristianismo y el islam. Es este texto una especie de Archipiélago gulag contra la iglesia católica: uno por uno sus jerárcas y jefes locales son expuestos con sus crímenes y su guerra sin fin contra la libertad y la diferencia. Quizá su uso de procacidades se pasa, y una buena parte de su acusación se basan en los extremismos de la religión. Pero al alcanzar la última página supe que había devorado un gran texto, un recuento de las demencias y atrocidades del poder absoluto contra la especie humana hecho con la seriedad de cualquier arquélogo moderno.

Mi teoría de la vida siempre ha sido la misma: nada es absoluto, ni siquiera el mal de la iglesia, a quien ante todo critico su empecinamiento en manejar la imágen pública de un ser, que de existir, es más grande que todo un universo infinito, y eso ya es mucho. Tampoco puedo dejar mi habito asqueroso de comer carne de animal; lo siento hermano Fernando, me gusta tanto el pollo frito y las hamburguesas que ni todas tus teorías me harán cambiar.

Nada es absoluto, ni siquiera el supuesto control total que le dio Dios al hombre: este planeta NO es nuestro, nunca lo será; sólo estamos aquí de paso. El concepto de un ser superior a todo el cosmos sólo tiene unos miles de años en un Universo que ya era viejo cuando se crearon los primeros sistemas de vida complejos. Por tanto dentro de la Historia de la tierra ese Dios que supuestamente creó al primer hombre seis días después de crear al sol no es más que una idea pasajera.

Así es que nada es absolutamente cierto, ni siquiera la idea que tiene Vallejo acerca de un mim llamado Ser Supremo que le sigue dando esperanza y paz a millones de homo sapiens, incluídos los vegetarianos.

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