jueves, 25 de octubre de 2007

Leves Acercamientos

Pregunta el periodista avezado: ¿cuáles han sido sus acercamientos a la prosa romántica? Mi respuesta, tras una breve pausa de reordenamiento de frases, es la siguiente: he estado tan cerca de ello como lo está cualquier persona de la muerte. Es claro que la muerte es un hecho diario y cotidiano: todos los días muere alguien, o algún pariente ha fallecido, o es la protagonista en periódicos y noticieros; pero es obvio que no ha sido parte fundamental de nuestra vida, por que quien experimenta la muerte ya no experimentará nada más.

Utilizo esa lógica de charla entre borrachos para fijar mi distancia con el campo de los sentimientos amorosos en la literatura. No soy tan necio como para no considerarlo algo importante, ya que el amor ha sido fuente inagotable de historias y pilar de las artes. De todas las artes.

Pero jamás me he centrado en ello y eso se debe quizá a dos razones: la primera tiene que ver con la falta de experiencia en el tema. No es este el lugar en el que deba discutir mis dramas particulares, pero a diferencia de otros asuntos que he puesto por escritos en tramas de ficción, el amor verdadero ha sido para mí algo tan lejano como la guerra misma. La segunda razón es que si bien —y ya lo he dicho atrás— el amor es un componente importante de la inspiración, es a la vez un tópico tan manido que su uso debería estar restringido a aquellos con la inspiración suficiente para decir algo nuevo sobre el tema.

Es decir, ¿acaso hay algún libretista de telenovela que se haya planteado poner en marcha un proyecto cuya historia no se centre en un amor imposible que alcanza al final el tan anhelado altar? Sí, estoy seguro de que sí, y que la verdadera pregunta debería ser si ha habido alguien con los cojones para sacar dicho proyecto al aire.

Creo que no, mas no podría jurarlo. Sólo tengo 24 años y mala memoria. Sin embargo, como mi objeto es alejarme del canon colombiano, siempre procuro construir historias a partir de ideales archiconocidos, que por la misma universalidad de los mismos no deben ser obviados. Libertad, igualdad, fraternidad y la búsqueda de la felicidad.

Tanto en la saga Risk como en las novelas que he escrito acerca del agente secreto Leo Katz, el amor se presenta como un formulismo inherente a la interacción de los seres humanos; y si puede hacerse a un lado, mejor. La vida no es un culebrón mexicano de esos donde fulanito y fulanita se topan en una granja y se enamoran hasta que la muerte los separa; cientos de divorcios al día en todo el mundo corroboran mi afirmación. Muchos se casan por hacerle el quite a la soledad, o por que creen que ese deseo profundo inspirado por ese o ese otro es amor; ciertamente es algo agradable de contar pero muy poco realista.

El mundo en que vivimos es imperfecto, hecho en tonos de gris. Las artes nos enseñan un mundo a color, donde los buenos ganan y el sentimiento afectivo más grande es siempre correspondido. No obstante mi trabajo se centra en los matices de ese gris mundo en que vivo; por eso Leo Katz, el agente secreto que siempre cumple su misión, nunca podrá atrapar a Erica Cruz. Como ven, escribo sobre un puente tendido sobre el abismo, entre mis realidades y las fantasías de todos.

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