martes, 11 de diciembre de 2007

PD


Contacto mediante correo electrónico. A medida en que avanza la civilización la gente prefiere estar más sola, y a la vez tener un mayor contacto mediante medios electrónicos. ¿Moda? O un signo de los tiempos. En todo caso, el papel y los sobres parecen cosa del pasado, aunque el correo, en su forma ortodoxa siga siendo la regla de comunicación para muchas entidades sumidas en la edad de piedra.

En días como los que corremos, en que algunos nos preguntamos alrededor del mundo si los libros impresos sobrevivirán, o si serán extinguidos por el fuego binario del hipertexto, la foto en sepia del escritorio con el papel de carta, el tintero y la pluma nos acecha como algo que también existió y que ahora es sólo un recuerdo en la Wikipedia.

Pero dejando a un lado los romanticismos, el paso de un sistema a otro de comunicación ha generado un problema que puede hacerse irresoluble en el futuro: la decadencia del lenguaje. En el pasado, una carta era, para muchos, un arte, y su enseñanza era de suma importancia, dándole a muchos las herramientas para ser buenos prosistas. No es de extrañar que quien hoy lea una novela de hace sesenta años -o incluso un periódico-, encontrará un lenguaje mucho más estilizado que el que se emplea ahora. Siendo que en el presente la regla de transmisiones es la de "menos es tiempo, tiempo es dinero".

¿Y la literatura epistolar? ¿Se verá también extinta salvo en el caso de las novelas históricas? ¿Es acaso tan buena?

Hace unas horas terminé de leer La amigdalitis de Tarzán, de Alfredo Bryce Echenique, y pienso que si esta clase de novelas quedan para siempre ocultas en las viejas bibliotecas, nadie quedaría lastimado. Pocas veces me topo con historias tan aburridas. Sin poner en duda las capacidades narrativas de este famoso peruano, esta historia de amor, narrada mediante una serie de cartas que sólo reflejan el continuo trasegar que sufren los exiliados, resulta tan carente de fondo como una telenovela del medio día.

Sin creen que este post es muy aburrido, léanse esta novela La amigdalitis de Tarzán y verán que de tan floja historieta no se puede sacar mayor cosa.

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