domingo, 10 de febrero de 2008

Las Reglas del señor Vizinczey. (Parte VII)

7. No dejarás pasar un solo día sin releer algo grande.

Algo sorprende de los escritores actuales, y aunque no quiero generalizar, tengo muy pocas ideas que contrarresten esta: leen más prosa nueva que clásica. ¿Por qué? ¿Por qué cuando le preguntan a un autor famoso por sus lecturas, rara vez menciona a uno de esos novelistas grandes de los siglos pasados, y en vez de eso mencionan a algún millonario de las ventas que ha redactado y publicado tan sólo meses antes una nueva historia relativa al 11-S? La respuesta a mi pregunta, lanza ante otras personas es siempre la misma: ya han leído todo lo que se debe leer.

¿Será posible? Las generaciones presentes en la literatura de hoy han tenido, calculo yo, un desarrollo alrededor de los medios masivos, y una vida actual más del lado de las nuevas comunicaciones que de las grandes bibliotecas. Entonces ¿realmente pasaron los primeros cuarenta o cincuenta años de su vida leyéndose los catálogos completos de Rusia, Francia, Inglaterra, Alemania, Italia etcétera? Lo dudo. Y si así fue, ¿qué les dejaron esas lecturas?

Una frase de cajón: los grandes escritores fueron ante todo grandes lectores. Bueno, leyendo los textos de Roberto Bolaño consignados en el libro Entre paréntesis, esas palabras adquieren total validez; allí se menciona a medio centenar de escritores, muchos olvidados, e incluso algunos actuales. Del mismo Bolaño salió esta encantadora frase: soy mucho más feliz leyendo que escribiendo; es decir, hay un placer y una necesidad vital de pasarla más tiempo entre libros que en fiestas, cócteles, presentaciones y charlas de café. Pero si la idea no les ha quedado clara ahí tienen la silueta del gran Capote, leyendo cinco libros a la semana —uno en dos horas, afirmaba él— diarios y revistas de todos los orígenes y hasta las etiquetas de la sopa enlatada.

Llegados a esto, Stephen Vizinczey considera un error la absorción continua de información, ya que dice que esto sólo podrá hacer más interesantes nuestras charlas, pero que no mejorará nuestra capacidad de redacción. Yo, que considero la información la clave del poder, tengo que mostrar mi desacuerdo en ello. No es cuestión de tener mil datos útiles, sino de librarse de las cadenas de la ignorancia.

Al empezar la redacción de Flores Para Irma, me di cuenta de que no sabía nada con respecto a Irán, y en general acerca de los asuntos en Medio Oriente. Entonces empecé a leer al respecto y a mantenerme informado sobre todo lo que allí sucediera. El problema es que muchos de los actuales escritores sienten, a ratos, la imperiosa necesidad de crear una novela; se arman de todo para ponerla por escrito, pero no tienen una idea verdadera acerca de qué van a escribir.

Cuando ya se tiene un tema, y sabemos a dónde queremos llegar, es el momento de ir por esos tomos que nos puedan inspirar. En mi caso, El agente secreto de Conrad, El sastre de Panamá de Le Carre y unos cuantos textos al azar han servido de apoyo en algunos difíciles momentos de creación.

1 comentario:

Olavia Kite dijo...

El escritor escribe sobre lo que escribe sobre lo que escribe. Metaliteratura en directo. Fascinante.