martes, 12 de febrero de 2008

Las Reglas del señor Vizinczey. (Parte X)


10. Serás difícil de complacer.

Hay una brecha entre profesionales y artistas: la brecha del tiempo. Para los redactores las fechas límite marcan el compás de su labor y de su maquinaria creativa. Igualmente le sucede a los publicistas y periodistas, lo que no significa exactamente que aquel ritmo, a veces asfixiante, tenga que aplicarse también a los escritores.

Como la formación de todo artista, el tiempo que tarda la confección de una novela o un cuento está determinado sólo por la instintiva certeza del autor de que aquello en lo que trabaja ha alcanzado su punto culminante. Pero no hay que confundir una necesidad de ver terminado el texto con ese instinto del que hablo; aquello es algo que se aprende con el tiempo, el entrenamiento y las muchas lecturas. No basta ver que los párrafos carecen de errores ortográficos, gramaticales o de concordancia, sino que las palabras empleadas son las correctas, y que el mensaje no podría ser dicho de ninguna otra manera más precisa que esa.

Por supuesto, la literatura está viva, y un autor despojado de vanidades siempre podrá ver mejoras en lo que ha escrito, ergo nunca estará completamente satisfecho. Ahí podrían jugar un papel importante los críticos: desde una perspectiva abierta, aquellos conocidos en los que podemos depositar nuestra confianza verán cosas que nosotros pasamos por alto.

A veces me preguntaba cómo podían haber escritores que produjesen hasta tres novelas por año; bueno, la respuesta, al menos teórica, es para mí la siguiente: muchos de los que se consideran buenos novelistas sólo esperan contar lo que tienen que narrar, de la misma forma en que se describe la sinopsis de una película: se explica su inicio, su trama y resolución en palabras sencillas, de forma clara, de tal manera que el interlocutor no necesite hacer preguntas. Y creo que gran parte de este movimiento de contadores de historias viene de las escuelas de narrativa donde prima el fondo sobre la forma. Y aunque no arriesgo a decir que lo contrario es lo correcto, estoy seguro que los chicos y chicas que gastan sus noches frente a sus computadoras garrapateando historias se esfuerzan más en crear símbolos y alegorías que frases donde la belleza se perciba tan clara como en la poesía o en el trazo de un automóvil moderno. Aclaro por aclarar, una vez más, que esforzarse por componer párrafos poéticos sobre historias sin verdadero fondo —léase María, de Jorge Isaacs— no es tampoco lo correcto.

Ni largo ni corto, ni mucho ni poco, ¿a qué apunta tu historia? ¿Qué es eso que te muerde la cabeza por la noche, te priva del sueño, y que sientes que no puedes eliminar hasta que lo pongas en papel? Instintivamente, y empleo de nuevo esta etérea palabra, uno sabe lo qué quiere decir y cómo lo quiere decir; qué colores emplear y qué música los acompañará; hasta tener las respuestas el creador no estará satisfecho, mas nadie te puede decir si has alcanzado esa cima o si sólo vas a medio camino, pues como el amor, el fin de la obra, se sabe, o se ignora. Y esta amigos míos, es esencia del talento, algo que por lo demás no es de todo el mundo.

No hay comentarios: