jueves, 13 de marzo de 2008

Carta a usted!

Querido lector,

El tiempo pasa, es inevitable. O, si no, ¿cuánto tiempo ha transcurrido desde la última vez que actualicé este blog? Hay un marcador en la parte inferior que les puede responder esa pregunta, pero el problema para mí sigue siendo el Tiempo. No todos los días saltamos de la cama con una gran obra flotando como un ángel traslúcido a nuestro lado, invisible al resto de los mortales, pero tan real para nosotros como ese sueño que casi nos parte el alma la noche anterior. No, definitivamente el hombre pocas veces es visitado por la musa, y cuando lo hace esta suele comunicarse de forma críptica que raras veces es entendida, o, lamentablemente, atendida.

Dijo un cómico o un sabio: si un hombre tuviera durante el día tantas ideas como cuando se haya insomne, amasaría una fortuna. Con eso resumo el primer párrafo, para que vean.

La verdad, que ustedes conocen mejor que yo, ya que suelo mentirme muy seguido, es que este no es un blog literario; ¿cómo serlo? Tal vez de opinión; no estoy seguro. Lo más posible es que se catalogue como personal; oh, sí, como un cepillo de dientes.

Durante los días anteriores me las he visto con diversos libros. Primero, dos de Cortazar; una novela y un tomo de cuentos. Pero habría que asistir a una ceremonia vudú e invocar el alma del buen Julio C para que nos diera a entender los verdaderos significados de su prosa. Espero algún día poder postear aquí alguna exégesis aceptable.

La profanación del amor de Marcos Anguinis: proveniente de una escuela literaria casi extinta, este novelista compuso por allá en los dantescos años ochenta en la Argentina, una novela sobre infidelidad y sueños rotos. Sería una pieza clásica si tuviese menos páginas.

Y un gran tomo sobre los talibán y el conflicto en Afganistán antes del 9-11. Material de apoyo para los textos que ahora preparo, y una gran lectura para los fans acérrimos de publicaciones tipo New Yorker y Forgerin Affairs.

Esos han sido mis días, más empleo, falta de sueño, privaciones, horas intentando acabar con Flores para Irma y reuniones con un grupo literario del que ahora hago parte, pero que es tan secreto que ni los granjeros McLean lo saben aún.

Endiabladamente a sus pies.

Yo.

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