martes, 1 de abril de 2008

En el corazón de la jungla

Un comentario adjuntado al post anterior me hizo repensar la idea que quise exponer allí con respecto al trabajo. No es que crea ahora —como lo expresó el comentarista—, que el trabajo sea siempre fuente de grandes obras maestras. Si bien el ejercer la práctica constante de la escritura puede darnos nuevas o mejores herramientas para nuestros textos, no creo que, como dijeron otros en el pasado, sólo escribir y escribir hasta el hastío sea suficiente para llegar a concebir bellas historias o profundos ideales.

Contra esta regla, digo yo que, para crear una buena historia, más vale vivir un gran día por el mundo, que entregarse un mes a redactar entre cuatro paredes. Prueba de esto es la obra de Joseph Conrad. ¿Dónde estaría, en qué anaquel de qué perdida biblioteca podríamos encontrar a este genial caballero de haberse mantenido encerrado componiendo en un estudio de Polonia? Tal vez Józef Teodor Konrad Korzeniowski sería un clásico europeoriental, ucraniano más exactamente, si hubiese seguido los pasos literarios de su padre, escritor nacionalista, y no se hubiese entregado a ver la Tierra a través de sus muchos viajes.

Vivir, escribió una vez mi maestro Efraín Medina Reyes, es el nombre del juego. Nuestras experiencias desarrollan nuestra mente y ésta fabrica las historias que deberán ilustrar a otros miles. O al menos eso ha hecho Conrad conmigo; de las tres novelas que he leído, El corazón de las tinieblas, El agente secreto y últimamente Lord Jim, pocas conclusiones puedo sacar sobre la brillante identidad de él, excepto que, primero, lo que importa no es el idioma, sino la fuerza de tus ideas lo que da valor a lo que escribes, y segundo, que lo que llamamos alma siempre será un insondable abismo cuyo inagotable contenido siempre dará de qué pensar.

En un punto de vista completamente técnico, de Lord Jim (1899) extraje algunos principios que me parecen vitales en el arte de la composición: estos son expresión, narratividad e impresión.

Expresión: si la obra conradiana se basa en ideales, generalmente relativos a moralidad, o contrarios al colonialismo en sí, su facultad de expresar estos puntos de vista es lo que lo ha mantenido en el estante de los clásicos por ochenta años. No deja uno de pensar en el peso, y el cortante filo, que el mundo occidental clavó sobre los pueblos de Asia y África —no los únicos, claro, pero atengámonos al tema—, muy bien expresados aquí en dos personajes, iguales de condición pero a lados distintos del océano ético, como son Jim y Brown. Ambos llegan desplazados del “Mundo” generando toda clase de reacciones entre los habitantes de Patusan. Actuación similar, aunque en grado distinto, a la de Kurtz en el Congo del Corazón de las tinieblas.

Narratividad: no podríamos viajar de puerto en puerto, de isla en isla y en medio de la abominable y densa jungla si no fuera nuestro guía un consumado estilista; un narrador con un ritmo tan eficiente que los ojos terminan por escurrirse por la hoja sin pausa. Y esa es la palabra clave “ritmo”. La gran cantidad de comas dentro de un mismo párrafo puede tornar “puntillosas” las oraciones, pero en un marco general le permitirán al lector ingerir las descripciones de manera más precisa, aunque se corre el riesgo de hacer empinada la lectura para unos ojos no entrenados.

Impresión: y hablando de descripciones, son estas novelas de aventuras y de viajes verdaderos safaris de coloridas instantáneas. El frío y lluvioso Londres, el mar de noche entre la borrasca, y las sombras y penumbras de un hotel de ultramar, todas son imágenes que un escritor deseoso de agradar a su lector no dudará en recrear, y con cuantos más detalles, mejor. No solo estos, claro: podemos ver, con apabullante claridad, la muerte de un hombre acribillado a plomo, el hundimiento de una nave en llamas, o la imponencia de un rey nativo, en los textos de este autor que, como ya dije, no repara en imágenes, quizá porque supo que la Literatura, como todo arte, también la compone la belleza.

¿Puede usted, señor escritor, expresar tanto y tan eficientemente sin dejar su céntrico apartamento, o su dacha campestre? Tal vez los libros de la editorial Tachen le ayuden, pero, sin pegarse siquiera una vez en la vida uno de estos viajes conradianos, por los senderos aún desconocidos de este inmenso planeta, difícil será que el artista halle su verdadero ideal en esta vida.

1 comentario:

Disentería dijo...

creo que un blog a veces se convierte en algo tan personal que se vuelve muy permisivo, lo cual no es malo pero no se vuelve tan interesante de leer, lo anterior teniendo en cuenta otros blog que realmente se vuelven muy aburridos. pero el tuyo me gustó.

verónica
www.homohabitus.org