lunes, 21 de julio de 2008

Los procesos

Tengo una amiga que no puede escribir en computadora. Ella "transcribe" en esta lo que ya ha puesto en el papel. No es la única, y he llegado a creer que los usuarios directos de la computadora somos realmente pocos, no porque la tecnología no haya llegado a los demás, sino que no todos se han acostumbrado a los protocolos y al teclado.

¿Qué es más práctico, la máquina o la mano? Me preguntaba una vez un aprendiz de escritor. Yo le respondí que esto variaba de persona a persona. En mi caso, por ejemplo, crecí cerca de los computadores y fue en ellos que pude poner mis primeros escritos. Nunca tuve un diario, ni cuadernos, además que aborrecía mi propia letra.

Trabajar directamente en la computadora tiene sus inconvenientes. Primero, el traslado. Aunque poseas una de esas pequeñas computadoras portátiles de Sony, que parecen libretas de notas, estas siempre requerirán energía y un lugar seguro para emplearlas. Dos, la pantalla agota la vista, y escribir, releer y corregir necesita tener ambos globos oculares corriendo por la superficie brillante por horas. Tercero —y este es mi caso particular— es muy fácil distraerse de la redacción por otras cosas. Me sucede a menudo que, durante la escritura o revisión de uno de mis textos, me veo obligado a entrar en Internet y buscar datos en la Wikipedia, en páginas especializadas, revisar archivos de video en el Youtube, o ver desde los cielos esas ciudades o parajes desconocidos con el Google Earth; y en todo ello puede uno a llegar a perder muchas horas.

En los últimos tiempos he llegado a establecer un pequeño acuerdo de métodos de trabajo, que es el siguiente:

Primer esbozo de una idea, para cuento o novela, lo anoto en mi libreta de apuntes. (Tengo una especie de Moleskine pirata multiusos).

Primer borrador en máquina de escribir. Esto tiene la ventaja de redactar, a una gran velocidad, cualquier texto, sin tener la tentación del Internet, las salas de chat o la corrección. Luego el escrito sale listo para empezar a ser revisado.

Después tomar un bloc de notas y empezar a trazar la estructura interna del escrito, separando el análisis en capítulos, fases y párrafos. Al final cada párrafo debe poderse explicar mediante una oración, de no ser así eso demostraría que, determinado párrafo, guarda dos o más ideas, y que por tanto hay que dividirlo.

Al análisis anterior hay que aplicarle varias miradas: ¿es muy largo? ¿Es muy corto? ¿Puede el lector aburrirse? Etcétera.

Con los resultados de este bloc de notas redacto un segundo borrador, de ahí saldrá el producto final. Tal vez a los lectores les parezcan demasiadas vueltas, pero el arte así lo requiere.

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