viernes, 5 de diciembre de 2008

Los piratas de Salgari

De Verona, aquella ciudad que tanto llama la atención de los fanáticos de Shakespeare, salió quien yo considero uno de los más grandes escritores de la Historia Universal; ese hall de la fama donde solo están presentes aquellos cuyas obras, como el sol mismo, han irradiado su luz por todas las caras del globo. Estoy hablando de Emilio Salgari.

Sus seguidores han sido miles y variados, desde el director Sergio Leone, pasando por Jorge Luis Borges, hasta Ernesto “Che” Guevara, quien encontró en las obras de Salgari un tono antiimperialista que resultó inspirador. Me cuento igualmente entre los fanáticos de este gran escritor, aunque la suerte para hacerme a sus obras me ha sido esquiva, y por tanto a parte de las aventuras del Corsario Negro, la capitana del Yucatán y Cartago en llamas no he podido leer mucho más.

Terminé hace un rato esta última novela, Cartago en llamas y el sabor que dejó en mente es el mismo que hallé años atrás al degustar las aventuras de los piratas del caribe. Historias con héroes o heroínas, grandes diálogos, acción a raudales y emociones llevadas al borde. Pocos autores de entonces, y menos de ahora, han corrido el riesgo de escribir novelas de aventuras; siempre resulta más fácil —y de esto ya he hablando bastante— entregarse a narrar dramas familiares o recuerdos de infancia que complejas tramas de vida o muerte.

Cierto es que cada quien a su tema, pero si bien han sido muchos los que se han solazado con las aventuras narradas por Salgari, la crítica ha sido bastante dura con él: se le considera un escritor menor, ligero, y claro, apropiado para los jóvenes; ya que tal parece que es un crimen, o al menos un crimen literario, hacerse querer de un público determinado, más cuando ese público son las mujeres, los niños o los adolescentes. Precisamente el otro día, de pie haciendo la fila en la caja del supermercado, pensaba que, es mejor fin para mis obras yacer junto a las chocolatinas, las revistas y otros productos de impulso que ir a parar a las lóbregas oscuridades de una librería, allí refundido entre los más doctos autores que, a menos que la universidad o el trabajo obliguen, nadie lee.

No hablo de impulsar el aumento de trillers y otras novelas sin mucha profundidad, sino de cambiar nuestro punto de vista sobre estas. Salgari es un buen regalo para la juventud, para los niños, y también para los ocupados hombres y mujeres que entre los anuncios del metro y las novelas costumbristas optan por cerrar los ojos o enchufarse al iPod.

Ahora unas palabras sobre Cartago en llamas. La historia, como queda evidenciado en el título, ocurre en Cartago en vísperas de su aniquilación por parte de Roma, unos dos mil seiscientos años atrás. Un guerrero cartaginés, quien combatió junto a Aníbal el grande, regresa de su destierro para recuperar a su amada, cosa que no le será fácil, ya que es la hija de un poderoso mercader quien está dispuesto a casarla con el hijo de otro acaudalado antes que con un guerrero. Mientras Hiram, el capitán del difunto Aníbal, busca recuperar a su querida Ofir, el mundo que ama, aunque le haya tratado tan mal, se cae a pedazos y queda envuelto en llamas.

Como puede observar el lector, la trama es redondamente sencilla; y si echa una mirada a las últimas producciones editoriales del viejo mundo, encontrará complejísimas historias que más parecen rompecabezas que novelas. El punto es que la Literatura es un mundo, y en este podemos ser turistas por unos pocos pesos; radica entonces en nosotros la decisión de qué lugar visitar primero, o cuales poner en nuestra guía de viaje. Y, desde la perspectiva de un lector que sobrepasa al promedio en cuanto a consumo de novelas —al menos al promedio nacional—, les digo que las historias de aquel italiano genial son, mejor que una visita obligada, un punto perfecto para encontrar descanso y placer.

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