martes, 31 de marzo de 2009

Revista Palabrero Virtual 11



Ya salió el nuevo número de la revista Palabrero Virtual.

Crónica:

Ilona en el Palabrero: "Un sueño hecho canción". Patricia Paipa

Entre cerraduras:

Conciertos, eventos. Patricia Paipa

Cuento:

Mala suerte. Raúl Torres

La historia de la diosa cautiva. Germán Carvajal Un amor destinado a desaparecer. Viviana Barreto

Ensayo:

Nosotros los desplazados urbanos. Nelson Enrique Laguna Rodríguez

Un encurtido refinado. Salman Rushdie

Meurseault y el hombre posmoderno. Carlos Cárdenas

Poesía:

In memoriam. Meira Del Mar

Omnipotentes. Ingrid P. González

Réquiem. Ricardo Canizales

Mientras se aleja. Saray Pavón Márquez

Reseña:

Quo Vadis?. Viviana Barreto

Nurse With Wound. Fernando Caicedo Albarello

Noticias literarias del mes de marzo

Opinión:

¡Por Bogotá!. Viviana Barreto Molina

Garrote al pico y placa. El mundo al reves. Patricia Paipa

Mis principios de escritor



Muchos escritores han publicado, o al menos nos han dejado, decálogos sobre lo que debe o no debe hacerse. En muchas ocasiones encuentra uno por ahí sugerencias valiosas para el oficio. Yo, supongo, también llegaré a hacer mi lista, la que supongo me resultará invaluable si cometo la locura de meterme en la pedagogía. Por ahora lo que tengo es una colección de frases, la mayoría desconectadas del campo literario, pero que, en su momento, o en mis minutos de meditación, me han ayudado a seguir adelante.

Aquí hay algunos que recuerdo por ahora:

1. Más alto, más rápido, más lejos. —Lema de los Juegos Olímpicos— (Siempre apuntar a ser mejor).

2. If this is the truth, where does it end? —Si esta es la verdad, ¿dónde termina? Del trailer de “The Omen”— (Toda afirmación debe ser, al menos dentro del contexto de la narración, cierta, y debe poder sostenerse a lo largo del resto de la historia).

3. What is sexy? —¿qué es sexy? Slogan de Victoria’s Secret— (Hay que ir más allá de la simple belleza, hacia aquello que despierta los sentidos; para tal efecto el escritor debe preguntarse constantemente qué es lo que entiende por belleza o sensualidad).

4. Il n’y a pas de solution parce qu’il n’y a pas de problème. —No hay solución porque no hay problema. Marcel Duchamp— (A veces lo que parece irresoluble —en mi caso las complicaciones de la trama— solo se deben a una malinterpretación de los elementos; en todo caso hay que mirar el asunto desde otra perspectiva).

5. If something is so complicated that you can't explain it in 10 seconds, then it's probably not worth knowing anyway —Si algo es tan complicado que no lo puedes explicar en 10 segundos, entonces probáblemente no vale la pena saber sobre ello. Bill Watterson. Calvin and Hobbes— (Siempre tener en cuenta que la paciencia del lector tiene un límite, y que la de algunos se alcanza y rebasa con facilidad).

6. Proper words in proper places, makes the true definition of style —Las palabras correctas el lugar apropiado hacen la verdadera definición de estilo. Jonathan Swift— (Siempre existe una manera perfecta de decir eso que queremos expresar; buena parte del oficio de escritor consiste en pasarse la vida buscando eso).

7. If you are satisfy with the work you do, is probably time to move on. —Si estás satisfecho con el trabajo que haces, probablemente es tiempo de avanzar. Patrick McCarthy [presidente y editor de la revista W]— (La única manera de no estar nunca satisfecho estar en la búsqueda constante de nuevos retos. Esto podría verse como una continuación en detalle del punto uno, pero va más allá: al terminar una novela, o un cuento, los escritores suelen decir: “muy bien, buen trabajo; esto es definitivamente lo mío”. Nada, hay que arriesgarse a escalar riscos más altos.

Y hay muchos más, seguro, que afloran en mi mente cuando no tengo con qué anotarlos. De seguro muchos considerarán aquellas frases como tonterías, pero para mí llegan a ser luces de navegación: escribir tiene reglas, algunas están en nuestros reflejos, otras tenemos que aplicarlas mediante la continua corrección del escrito, y otras, más que lineamientos, son sugerencias que vuelan por ahí, sin relación aparente con nosotros hasta que, ¡zas! La mente imaginativa del artista traza una línea y se apropia de ello como una herramienta.

Hemingway decía que la verdadera ficción eran los impresos de las carreras de caballos; la gente pensó (y piensa) que decía una estupidez, pero yo lo entiendo, al menos en cierta forma: el idioma es de quien lo emplea, y los escritos sin artificios falsamente artísticos resultan ser más enriquecedores (en algunos casos) que las toneladas de papel impreso que botan las editoriales. Tal vez, si llego a terminar como profesor de escritura creativa, le sugeriré a mis alumnos, entre las lecturas de Chejov, Dostoievski y los demás grandes, que de vez en cuando lean los edictos judiciales; esos textos cuyo carácter de extrema importancia no permiten la vaguedad ni los sinsentidos. A una parte, una parte importante, no le servirá de nada tal cosa, pero al que realmente le interese escribir, hallará el oro bajo ese torrente de palabras.

viernes, 20 de marzo de 2009

Ríase, es saludable




Leyendo el libro de Stephen King, On writing, encuentro que este, como todo buen americano que se dedique a escribir, tiene un buen sentido del humor, expresado aquí en las rememoraciones desenfadadas de su infancia y juventud, mientras envía sus primeros cuentos a revistas pulp.

Creo que ya había escrito sobre el sentido del humor, o acerca de los sentidos del escrito en general. En todo caso no sobran siempre unas líneas para recordarle a los escritores en formación y a los redactores profesionales que, aquel que no puede reír, ciertamente debería dedicarse a cualquier otra industria a parte de la creación literaria. Para ser administrador, o jefe en un sentido general, no se necesita sentido del humor, sino sentido del castigo y de la hipocresía: al gerente no le importa realmente si su cajera está en el octavo mes de embarazo y ha decido cambiarle el nombre a su hija de Betsy a Petsy; le importa un bledo, pero sonreirá, incluso enseñará los dientes frontales y algunas muelas en una risa controlada. Pero al escritor la hipocresía solo le puede servir para lidiar con los editores y sus parientes de oficio: “oh sí, he leído tu cuento; y déjame decirte: no es bello… ES HERMOSO”. Aquí todo se refiere al delicado arte de objetivar. Con los lectores, es decir, ante el texto, no se puede ser así; lo que va de la primera letra hasta el punto final es una declaración que es válida por sí misma y absolutamente cierta dentro de su contexto. Hablo de ficción, claro, aunque algunos —hablo en especial del Gobierno— suelen adaptar esa regla a sus informes.

Reírse mientras se escribe es un buen signo, pero parece contrariar la mentalidad popular alrededor de la figura del escritor. A buena parte de los jóvenes parece gustarles la idea de que el artista vive, primero, encerrado entre el caos de su cuarto; segundo, vistiendo mal y oliendo a león; tercero, bebiendo café —o algo más fuerte— y consumiendo un cigarrillo tras otro; y todo, claro, con el espíritu de la tragedia entre los ojos y el convulso movimiento de sus manos. El tiempo y los arqueólogos literarios terminan por romper aquellos mitos alrededor de artistas como Kafka y Proust: débiles, llorones, enfermos, endeudados, etcétera, etcétera, etcétera. Los que viven envueltos en una miseria constante no suelen escribir; yacen entre sus trincheras esperando a la muerte, o del amanecer al ocaso le dan vueltas a la muela, anclados en la esclavitud. No, no escriben.

Uno de mis grandes maestros, Roberto Fontanarrosa, dijo en una entrevista que “el que se divierte escribiendo, divierte”. Hay que quitar el peso de sus propios problemas que, por descuido, se descarga en los párrafos. Habrá siempre egocéntricos que piensan en sus dolores de alma como realidades de todo el género humano. Escribir es un ejercicio libre, sí, pero hay cuadernos públicos y cuadernos privados; todos los tenemos y no esperamos que, al menos en vida, salgan a la luz.

Hay tal vez demasiada sequedad o angustia en los escritos que emergen continuamente en blogs y revistas, así como en textos académicos o de carácter de exposición pública. La rigidez es fatal para el arte, esa debería ser el principio; escribir sentado en un taburete con puntillas generará escritos rotos y sin gracia; sé que a muchos redactores esto está fuera de su interés, o su mera compresión, pero a quienes aspiren a dedicarse al oficio les será mejor rumiar bien este comentario y, si su estilo lo permite, ponerlo en práctica.

lunes, 16 de marzo de 2009

Revista Palabrero Virtual 10



Finalmente, luchando contra todas las variables que siempre entorpecen el trabajo, sacamos la revista Palabrero Virtual en su décima edición. Esperamos que los temas sean de su agrado.

Revista Palabrero Virtual 10

viernes, 13 de marzo de 2009

Bajo presión

Ha pasado el tiempo y mi blog no ha sido actualizado. La universidad consume más tiempo del que desearía y, debido a ello, he decidido redactar un post acerca de las presiones cotidianas que me mantienen alejado de mi oficio de escritor.

Desde hace cerca de un mes y medio estoy en la universidad; asunto que solo guarda relevancia para mí. No espero que la academia me pueda formar como escritor; para el arte no hay maestro más que la continua aplicación al trabajo y la lectura. Buenos libros forman buenos lectores y, en últimas, un escritor es ante todo un gran lector. Claro que algunos de quienes han ojeado mi biblioteca consideran que tengo un gusto pésimo y que ignoro las obras de los más grandes del canon universal.

Pero allí estoy, de lunes a viernes, cinco horas diarias escuchando cátedras acerca de asunto que normalmente pasaría de largo, pero que ahora revisten para mí de una mayor importancia; ganarme el cartón universitario —y la situación en que ello me pondría— está dentro de los objetivos de mi vida. Uno, sí, pero no el más importante, no al menos como lo es pasar husos horarios montado en aviones, de ciudad en ciudad asistiendo a conferencias y eventos literarios alrededor del mundo. Y para quienes crean que los verdaderos escritores no fantasean con esas cosas, bueno, no conocen a los escritores.

Y todo podría ser una absorción constante de conocimiento, pero no, hay que demostrar que se sabe, y para ello no hay como el trabajo escrito; dos, tres cinco, y hasta siete si el humor del profesor así lo desea. Introducción, desarrollo, conclusiones. Es como redactar cuentos, excepto que aquí no estás aportándole nada a nadie: el profesor conoce el tema, tú conoces el tema, ¿quién gana? El sujeto a quien debo pagarle cien pesos por cada hoja que me imprime.

No es que escribir me cause dolores de cabeza; para mí es algo propio del día a día, un ejercicio que ejecuto incluso cuando duermo o aún cuando debería estar con los sentidos puestos en algún otro deber. Pero hastía eso de recibir asignaciones diarias para redactar artículos que, primero, no te van a pagar, y segundo, no son temas de tu incumbencia. El tiempo, otro factor siempre en contra, hace que siempre me entregue a una redacción rápida, provista de toda elegancia, originalidad o estilo, por lo cual al final, cuando releo lo que tengo me doy cuenta que aquello apesta realmente.

Como es una regla general que algunos piensen que me quejo demasiado, y se digan a su vez que la realidad es más sencilla, que ya es algo maravilloso y orgásmico que tenga acceso a estudios superiores —lo cual es algo costoso pero no es maravilla alguna—, y que fabricar ensayos y monografías, en suma, escribir esforzando el músculo del conocimiento, es una de las mejores cosas de la vida, debo recordarle, a ese lector que me contradice con toda su sabiduría, que yo escribo ficción; buena o mala, soy novelista, a ratos cuentista, he tenido unos breves y flirteos con la poesía, y acaso, cuando me agarran de buen humor me he entregado a la concepción de ensayos, esto último, como uno de los deberes que tengo para con la Revista Palabrero Virtual, que por cosas de tiempo, igualmente, no ha podido salir en la fecha de entrega esperada.

Historia, Filosofía y Sociología consumen mi tiempo como los hijos crecidos y malcriados chupan las venas ya flácidas del padre que no se atreve a echarles de casa con una patada en sus grasos hopos. ¿Qué gano leyendo copias de libros tediosos y redactando trabajitos acerca de ello? Oh, qué busca el hombre entre las tinieblas de todo aquello que no encuentra; tal vez la piedra filosofal que le resuelva con oro todos sus problemas, pero más posiblemente una muerte terrible, y lo peor es que habrá abandonado todo aquello que realmente le importa en la vida. Que en mi caso son esos personas y esas historias a quienes intento dar vida párrafo a párrafo.


PD: Espero que dentro de poco pueda poner un post más decente.