viernes, 13 de marzo de 2009

Bajo presión

Ha pasado el tiempo y mi blog no ha sido actualizado. La universidad consume más tiempo del que desearía y, debido a ello, he decidido redactar un post acerca de las presiones cotidianas que me mantienen alejado de mi oficio de escritor.

Desde hace cerca de un mes y medio estoy en la universidad; asunto que solo guarda relevancia para mí. No espero que la academia me pueda formar como escritor; para el arte no hay maestro más que la continua aplicación al trabajo y la lectura. Buenos libros forman buenos lectores y, en últimas, un escritor es ante todo un gran lector. Claro que algunos de quienes han ojeado mi biblioteca consideran que tengo un gusto pésimo y que ignoro las obras de los más grandes del canon universal.

Pero allí estoy, de lunes a viernes, cinco horas diarias escuchando cátedras acerca de asunto que normalmente pasaría de largo, pero que ahora revisten para mí de una mayor importancia; ganarme el cartón universitario —y la situación en que ello me pondría— está dentro de los objetivos de mi vida. Uno, sí, pero no el más importante, no al menos como lo es pasar husos horarios montado en aviones, de ciudad en ciudad asistiendo a conferencias y eventos literarios alrededor del mundo. Y para quienes crean que los verdaderos escritores no fantasean con esas cosas, bueno, no conocen a los escritores.

Y todo podría ser una absorción constante de conocimiento, pero no, hay que demostrar que se sabe, y para ello no hay como el trabajo escrito; dos, tres cinco, y hasta siete si el humor del profesor así lo desea. Introducción, desarrollo, conclusiones. Es como redactar cuentos, excepto que aquí no estás aportándole nada a nadie: el profesor conoce el tema, tú conoces el tema, ¿quién gana? El sujeto a quien debo pagarle cien pesos por cada hoja que me imprime.

No es que escribir me cause dolores de cabeza; para mí es algo propio del día a día, un ejercicio que ejecuto incluso cuando duermo o aún cuando debería estar con los sentidos puestos en algún otro deber. Pero hastía eso de recibir asignaciones diarias para redactar artículos que, primero, no te van a pagar, y segundo, no son temas de tu incumbencia. El tiempo, otro factor siempre en contra, hace que siempre me entregue a una redacción rápida, provista de toda elegancia, originalidad o estilo, por lo cual al final, cuando releo lo que tengo me doy cuenta que aquello apesta realmente.

Como es una regla general que algunos piensen que me quejo demasiado, y se digan a su vez que la realidad es más sencilla, que ya es algo maravilloso y orgásmico que tenga acceso a estudios superiores —lo cual es algo costoso pero no es maravilla alguna—, y que fabricar ensayos y monografías, en suma, escribir esforzando el músculo del conocimiento, es una de las mejores cosas de la vida, debo recordarle, a ese lector que me contradice con toda su sabiduría, que yo escribo ficción; buena o mala, soy novelista, a ratos cuentista, he tenido unos breves y flirteos con la poesía, y acaso, cuando me agarran de buen humor me he entregado a la concepción de ensayos, esto último, como uno de los deberes que tengo para con la Revista Palabrero Virtual, que por cosas de tiempo, igualmente, no ha podido salir en la fecha de entrega esperada.

Historia, Filosofía y Sociología consumen mi tiempo como los hijos crecidos y malcriados chupan las venas ya flácidas del padre que no se atreve a echarles de casa con una patada en sus grasos hopos. ¿Qué gano leyendo copias de libros tediosos y redactando trabajitos acerca de ello? Oh, qué busca el hombre entre las tinieblas de todo aquello que no encuentra; tal vez la piedra filosofal que le resuelva con oro todos sus problemas, pero más posiblemente una muerte terrible, y lo peor es que habrá abandonado todo aquello que realmente le importa en la vida. Que en mi caso son esos personas y esas historias a quienes intento dar vida párrafo a párrafo.


PD: Espero que dentro de poco pueda poner un post más decente.

1 comentario:

Olavia Kite dijo...

Vaya, entonces no soy la única convencida de que el tiempo gastado en llenar hojas con repeticiones infinitas de las cátedras bien podría haber sido empeñado en crear algo valioso. Saludos.