viernes, 2 de abril de 2010

Maldito Borges



¡Maldito Borges! ¿Por qué eres un genio? Qué importa que tu cuerpo haya muerto, si queda la mente, grabada en millones de páginas traducidas a todos los idiomas. Vives entonces si nos hablas cada vez que te leemos, con tu lenta dicción de catedrático argentino. ¿Por qué sabías tanto, qué necesidad tenías de saber? De no olvidar nada, de perseguir y profundizar en todo.


A cada cuento que leo, a cada ensayo, aparece aquel espectro erguido, gabán sobre los hombros, bastón empuñado, que mira sin ver (un moderno Homero), mientras las oraciones, breves y puntiagudas, se suceden, como una oruga que aplasta con lógica inmodificable. Podría decir que eres perfecto, ¡y cuánta sabiduría necesitaré algún día para probar lo contrario! Eres la herramienta con todas las medidas, que cabe en cada orificio y abraza cualquier medida: “siempre se puede citar a Borges, siempre se puede leerlo, siempre se puede entenderlo, siempre se puede emplear como ejemplo”; me he dicho, y le he dicho a otros, aunque, como a todo clásico, le vulgo tienda a etiquetarlo como “desactualizado”.


Pero nos sobrevivirás; y a esta época de tinieblas, albores del siglo y al fin del siglo y al siguiente. Sobrevivirás, estoy seguro, a mí, y a los otros miles de escritores formados por tu modelo, y a los otros, a los Vargas Llosa, los García Márquez y, tal vez, también a los Cortázar, tal vez a todo el siglo XX, y a nuestra época, y si esta especie no se autodestruye, en los milenios por venir, tal vez tu prosa sobreviva al idioma en que fue escrita, y, por último, sobreviva a Borges mismo, y llegue el día en que se alce sobre el podio el estudioso y diga “nunca hubo un hombre llamado J. L. Borges”, como otros hoy día niegan a Homero, o a Shakespeare.


Las grandes ideas y las historias eternas no pertenecen, me temo, a los genios que las crean, ni a su tiempo, ni a sus lectores, sino al alma humana universal misma, como a nosotros, todos, pertenecen la noción del tiempo, la certeza sobre la muerte y la necesidad de hallar un sentido a la existencia.


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El texto anteriormente presentado lo compuse de golpe —lo habrán notado por el tono— en uno de mis cuadernos, en plena clase de sociología, mientras leía algunos textos borgianos, fingiendo escuchar a mi tosco profesor y sus inservibles teorías sociales. Lo transcribo, después de mucho tiempo, y ahora lo posteo acá para no ir a perderlo. Sé que no es lo más lúcido, o lo más elegante que he puesto acá, pero expresa mejor mis sentimientos que cualquier sesudo ensayo en plural mayestático que arrastra a sus pies notas bibliográficas, como una novia la cola de su pasteloso traje. Preferí esto, algo honesto.

1 comentario:

Luiyifer dijo...

Me sorprende ver que me senté al lado de alguien con tanto talento que logra escribir tan interesantes textos mientras yo trato de sostenerme en mi estado de somnolencia. Envidio esa "inspiración" (verbo inapropiado) para producir en una clase así (verán, la sociología es como una naranja...) ahora mismo me surgen ganas de escribir ¡Maldito Juan Pablo! ¿Por qué escribe así y yo no?... Respecto a Borges, es cierto, sobrevivirá a esta época, a la siguiente así como sobrevivió a la anterior, nada que hacer, y bien merecido lo tiene, que sufra con sus letra todos los años que seguirá siendo leído, criticado y respetado.