jueves, 22 de julio de 2010

Reescribiendo el tiempo perdido


Muchas personas, al ver entre mis libros, o en mis manos, alguna obra de Vladimir Nabokov, me preguntan si realmente es bueno, o es tan solo la fama de Lolita la que ha alimentado su buen nombre. Explicarlo en los términos en que yo lo siento sería una pérdida de tiempo; la mayor parte de las personas que me rodean ignoran casi todo sobre literatura; lo cual no es un crimen. Por eso escribo estos posts. El punto con el gran Vlad Nabokov es que no es, tan solo, un buen escritor, como sí lo son muchos otros publicados y reseñados, pese a que la muerte se ha llevado los huesos a una fría cavidad bajo tierra, años, decenas de años, o cientos de años atrás. El cazador de mariposas tenía en su labor de creador la capacidad, escasa siempre, de revelar la belleza presente en el cosmos, y hacerla sentir al lector, como si, por una vez, pudiéramos ver sin los filtros de los prejuicios, o con los ojos de un niño, que ante las variaciones de un cristal de hielo, los risos de una nube, o la mirada de una mujer, quedásemos hipnotizados.


Acabo de terminar la novela más importante de Nabokov, Ada o el ardor, editada por Anagrama de Barcelona. Cerca de quinientas páginas, en la colección de compactos, que, debo decir, presenta múltiples supresiones de puntos seguidos, errores de tipografía y tipos toscos, similares a las sobreentintadas letras de una máquina de escribir sin limpiar. Mas, adentrado ya en las sinuosidades de la prosa, esos detalles pueden perdonarse.

El argumento de Ada o el ardor puede encontrarse dentro de la novela misma, y, creo, las palabras del propio Nabokov lo explicarán mejor que las mías:


El castillo de Ardis ―los Ardores y los Árboles de Ardis―, tal es el leitmotiv que fluye ondulante a través de las páginas de ADA, vasta y deliciosa crónica que, en su mayor parte, tiene por escenario una América de brillantez onírica, porque, ¿no son estos recuerdos de infancia comparables a las carabelas que bogan hacia Vinelandia, indolentemente rodeadas por las aves blancas de los sueños? El protagonista, heredero de una de las más ilustres y opulentas familias de los Estados Unidos, es el doctor Van Veen, hijo del barón “Demon” Veen, famoso personaje de Reno y Manhattan. El final de una época extraordinaria coincide con la no menos extraordinaria infancia de Van. No hay nada en la literatura universal ―salvo, tal vez, las reminiscencias del conde Tolstoi― que pueda rivalizar con la alegría pura, en inocencia arcádica, con los capítulos de este libro que tratan de Ardis. En esta fabulosa propiedad rural del tipo de Van, Daniel Veen, gran coleccionista de arte, nace un ardiente amor infantil, que se desarrolla en una serie de escenas fascinantes, entre Van y la linda Ada, una muchachita verdaderamente excepcional, hija de Marina, esposa de Van, apasionada por el teatro. El hecho de que las relaciones de Van y Ada no consisten simplemente en un peligroso juego entre primos hermanos, sino que presentan además un aspecto especialmente prohibido, se sugiere desde las primeras páginas.


A pesar de las numerosas complicaciones de la intriga y de la psicología de los personajes, la narración avanza al galope. Incluso antes de que hayamos tenido tiempo de recuperar el aliento y de contemplar tranquilamente el nuevo escenario en que nos ha “vertido” la alfombra mágica del autor, otra chiquilla encantadora, Lucette Veen, la hermana menor de Ada, es arrebatada por la atracción de Van, el irresistible libertino. El trágico destino de Lucette representa uno de los momentos más notables de este delicioso libro.


Así explica N. la que fue la obra capital de su trabajo como escritor. Si bien Lolita, por su contenido, alcanzó el mayor reconocimiento, el tamaño y contenidos de Ada… rebasan los límites temáticos que apenas rasguña la historia de Humbert Humbert y Dolores Haze. Si, el motor inicial de esta novela es la pérdida de la infancia, en el pasado, y los intentos de recuperarla, mediante el contacto con una chica que le recuerda su primer amor, en Ada… ese periodo de feliz existencia no termina, sino que se extiende a través de toda una vida. El mundo y el tiempo en que se desarrolla esta historia no es precisamente el nuestro; Nabokov no ha pretendido, al poner el desarrollo de los acontecimientos entre finales del siglo XIX y mediados del XX, escribir una novela histórica. No debe extrañar al lector, entonces, toparse con aviones antes de 1903, o ver, antes de la segunda década del siglo pasado, filmes con audio y a color, donde la bella Adelaida se destaca. Los acontecimientos mundiales, con sus millones de muertos y caídas de imperios, tampoco hacen presencia, aunque se alcanzan a mencionar, en la parte final, como parte de la obra del propio Ivan Veen.


Siempre se tiende a considerar que una buena novela es, ante todo, una buena historia; este relato de Vladimir N. Ada, demuestra que lo contrario también es posible: todos los elementos de los que N. hace empleo en sus anteriores novelas, los juegos del lenguaje, el sentido del humor, el sentido de la belleza expresado en la calidad de los detalles y la forma en como se asegura que los apreciemos. Ningún argumento, así, que se dirija a un final inesperado, ni tramas complejas que nos arrastren a minutos de tensión para averiguar quién es el asesino, o el padre de un hijo abandonado. Ada o el ardor es un largo paseo a través de esa campiña del viejo mundo previo a la caída del Ancien regime que supuso el estallido de la Primera Guerra mundial.

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