lunes, 2 de mayo de 2011

Los recursos del escritor


No hablemos de escritores; el adjetivo aplica a tantos casos que siempre pierdo tiempo determinado con exactitud a quién me refiero; hablemos de redactores, no de autores ni de narradores. Los redactores son quienes trabajan o tienen por pasatiempo apilar palabras armando conjuntos relativos a uno o varios mensajes. Escribir es componer con sentido literario, redactar es simplemente comunicarse por escrito.

Como los escritores somos en buena parte redactores, he querido componer un post sobre algunas herramientas útiles para los redactores – escritores:

1. Digitación rápida. ¿Emplea usted sus índices solamente para escribir en su computadora? Quizá eso le sea suficiente, y sea usted uno de esos autores que suelen decir con orgullo “no tengo prisa”. Nadie la tiene, pero menos tiempo redactando es más tiempo corrigiendo; por ello, si usted es de los que usa alguna clase de teclado, no estaría de más trabajar en sus métodos de digitación; revisar qué está haciendo mal (qué dedos no está empleando, o bien cómo ahorrar tiempo), para aumentar el número de palabras por minuto que puede poner por escrito. En mi caso personal, jamás me baso en notas para escribir y rara vez redacto a partir de borradores manuscritos; inspiración e improvisación han sido los pilares de mi trabajo, lo cual significa que esta es solo una forma de hacer las cosas, y no un regla a seguir; sin embargo, dado que las ideas vienen y van, se necesita abatirlas en el instante en que se presenten poniéndolas por escrito, y, como a veces apenas si duran en mi mente unas milésimas de segundo, poder digitar a gran velocidad es una gran herramienta de trabajo.

2. Lectura rápida. Cuando empecé a escribir, y algunos conocidos notaron mi interés en la literatura, preguntaron qué grandes obras clásica había ya leído. Con vergüenza admití que muchos de los clásicos inmortales aún no habían pasado por mis manos, y apenas tenía referencia de sus autores y contenido. Fatal, decían estas personas: como si un joven pintor nunca en su vida hubiese contemplado un Renoir. Decidido a solucionar esta falla, puse por escrito una lista en orden cronológico de las grandes obras universales, de La Iliada hasta… alguna cuyo nombre ya he olvidado, ya que dicho listado se perdió en el tiempo. Terminado el gran poema homérico, me di cuenta de los muchos años que me tomaría finalizar esa lista; trabajando, y posteriormente estudiando, así como alejado de las grandes bibliotecas, o, en muchos casos, sin poder reunir la cantidad de dinero requerida para adquirir ediciones de calidad, la única solución para poder tragar la literatura universal sería mejorar mi capacidad de lectura.

No solo de literatura viven novelistas, cuentistas y escritores profesionales; el mundo moderno nos provee de toneladas de información en bits o papel impreso que debemos aprehender para estar al corriente del mundo. Cada día se le exige a los profesionales saber más de su mundo y lo que los rodea. Por demás, a menos que te dediques, como ciertos autores de renombre, y algunos fracasados que los imitan, a escribir sobre ti mismo, necesitarás estar informado sobre esos campos del conocimiento que alimentan tu obra.

Casi todas las ciudades cuentan con institutos que venden la promesa de mejorar nuestra lectura; de hacernos capaces de devorar el contenido de una página con quinientos caracteres de un solo vistazo. No sé si esto sea posible, hasta ahora, en esta larga vida, nunca me he topado con individuo alguno dotado de tan envidiable cualidad. Por lo mismo no creo que sea posible, a menos que se haya trabajado en eso desde la infancia. No obstante, con algunas técnicas disponibles en cursos en línea, o libros sobre el tema, que no son raros en las bibliotecas locales, podrá el lector apresar algunos trucos que facilitarán la tarea diaria de digestar las largas columnas de información diaria.

3. Idiomas. Cuando era niño, se nos decía en la escuela que si no aprendíamos inglés en el mundo del mañana ―i. e. hoy― no encontraríamos ni trabajo ni lugar en la sociedad; tan oscuros pronósticos no llegaron a realizarse, por suerte; cada día en el mundo se habla más español, y no he tenido necesidad de usar mi mediocre inglés para nada, salvo, claro, para ver películas, seriados televisivos, leer a ciertos clásicos en su versión original, consumir decenas de titulares y leads cada día, y, sí, para aprender algo de composición traduciendo.

La idea no es mía, sino de Javier Marías; la traducción como un recurso de aprendizaje de la escritura, o mejoramiento a partir de lo que se pueda rescatar de traducir a los grandes autores.

4. La web 2.0. Sigo creyendo que para escribir una buena historia solo se necesita un lápiz, una hoja de papel, o varias, y aplicar la mente en ello. El escritor sigue siendo un solitario, y en una época en que el individualismo está cada vez más devaluado, los autores independientes no han sido todavía reemplazados por equipos de escritura colectiva, o computadoras de redacción. No obstante, la imagen del autor solitario en un cobertizo en las montañas, armado solamente con una máquina de escribir es, o bien la de un retrógrado, o bien la de un talentoso artista quien, como ya mencioné antes, solo necesita de su memoria e inteligencia. Otros, por desgracia no contamos con tales cualidades, así que requerimos tener acceso a lo que yo llamo “librerías”: videos, escritos o grabaciones sonoras; la Wikipedia puede darnos datos exactos sobre casi cualquier tema registrado en la tierra; Google Earth nos puede llevar hasta las calles mismas de cualquier ciudad, y YouTube tiene registros en video sobre miles de temas diferentes. Así, toda lo que el autor necesita investigar está ―como ya nos ha repetido la publicidad decenas de veces― al alcance de un clic.

Posdata:

Al momento en que redacto esto me entero de la muerte de Osama bin Laden a manos de las fuerzas especiales ―Seals, creo― de los Estados Unidos. Y aunque las buenas costumbres nos invitan a no celebrar la muerte de nadie, considero que este tipejo, enemigo declarado de la civilización occidental, no le hacía ningún bien ni al mundo islámico, ni a nadie aparte de las mafias de producción de heroína.

Según datos que me llegan por conocidos y contactos con los servicios secretos; la información que condujo al cuartel de bin Laden fue provista por agentes de campo y sus espías en las proximidades de Abbottabad, lo cual nos recuerda que el Hum-Int sigue siendo la forma más eficaz de espionaje.

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