lunes, 30 de enero de 2012

Acerca de El topo


Debe ser todo un reto adaptar al cine una novela de John le Carré. A diferencia de otros tantos autores de superventas, le Carré no se la pone fácil al lector; sus personajes no son clasificables entre buenos y malos, el héroe se confunde con el entorno, los aliados son escasos ―si los hay―, y el sórdido ambiente de las operaciones parece lo contrariamente opuesto a los escenarios iluminados y glamorosos en las que otras historias de espionaje se desarrollan. En las novelas de este autor británico, nacido en Poole en 1931, el producto ―material de inteligencia― es menos, mucho menos importante que quienes lo manejan, los funcionarios burocráticos de las agencias de inteligencia. En sus novelas el mundo no parece estar amenazado por la Tercera Guerra Mundial, o porque un maniático esté por activar un ingenio nuclear en plena Manhattan, así como tampoco por salvar la vida de un presidente, o a un grupo de rehenes atrapados en un lugar infernal; en su ficción, que navega muy próxima al mundo del espionaje que debió conocer en sus días, le Carré nos describe el espionaje de manera


En ocho oportunidades las novelas de le Carré han llegado a la pantalla: Spy Who Came in from the Cold (1965), The Deadly Affair ―adaptación de llamada para la muerte― (1966), The Looking Glass War (1969), The Little Drummer Girl (1984), The Russia House (1990), The Tailor of Panama (2001), The Constant Gardener (2005) y en 2011 Tinker Tailor Soldier Spy, basada en el libro del mismo nombre, adaptado anteriormente a la televisión por la BBC en 1979, con Alec Guiness en el papel protagónico. no muy distinta al mundo policial de una ciudad corriente: hay crimen, hay algunos muertos, hay labores policiales, entrevistas y más entrevistas, revisión de pruebas y, solo en algunos raros casos, un triunfo. Es así como, llevar a la exigente dinámica del cine una de las novelas de le Carré exige todo un tratamiento narrativo y visual.

En la nueva versión de Tinker, Taylor, Soldier Spy ―en adelante El topo―, dirigida por el sueco

Tomas Alfredson, el célebre George Smiley es interpretado por Gary Oldman, y aunque los fanáticos de le Carré tengan en su imaginación al Smiley en la figura reposada de Alec Guiness, Oldman consigue atrapar la esencia del cauteloso y agudo jefe de inteligencia, quien aun los acontecimientos desagradables, tanto profesionales como personales, afectan muy poco su parca actitud. El resto del elenco es igualmente notable: Colin Firth, Tom Hardy, Mark Strong, Ciarán Hinds, Toby Jones y John Hurt en el papel de Control. Alfredson no trae la acción al presente, sino que reconstruye el Londres de los años setenta, la moda y el ambiente de Europa: Estambul, Budapest, París. Todo el ambiente gris está compuesto no solo de días nublados, sino mediante el control cauteloso de los colores, ya sea en la fachada de los edificios, como en el interior del “Circus”, donde no se ven cientos de computadoras, ni grandes pantallas, sino empleados de registro, encargadas de teléfonos y polvorosos pasillos de archivo. Hay, de hecho, pocas escenas de noche, y aun así queda la impresión de constante oscuridad en todas las tomas, dejándole claro al lector que el mundo del espionaje es uno cubierto permanentemente por sombras y miradas ocultas desde la distancia.

En El topo nos encontramos la historia del seguimiento que se hace al interior del “Circus”

―como le Carré apodó al Secret Inteligence Service― de un infiltrado al servicio de la KGB. El seguimiento a este “topo”, como se le suele llamar en la jerga del espionaje, lleva años proporcionando información a Karla, el astuto y duro jefe de espías soviético que representa el némesis de George Smiley. La identidad del traidor ha sido la obsesión de Control, jefe del “Circus”, pero Control fallece y la agencia queda en manos de Oliver Lacon (Simon McBurney) quien llama al veterano Smiley del retiro para proseguir la investigación. Hay un grupo de sospechosos en la cabeza de la agencia, a quienes se le asignan los nombres de "Tinker", "Tailor", "Soldier", y "Poorman", tomados de la rima infantil Tinker, Tailor. Smiley recluta a otro miembro del servicio Peter Guilliam (Benedict Cumberbatch), y ambos van armando el rompecabezas sobre la identidad del traidor.

La acción es cruda, realista. La historia no tiene un final lleno de esperanza y emotividad; el traidor es capturado, pero no se ha ganado ninguna batalla; la guerra continúa. Resulta gratificante, pese a la gris belleza del filme, ver así, de forma tan realista, retratada la realidad del espionaje: sin curvilíneas mujeres en ajustados trajes disparando armas automáticas bajo cuyos proyectiles se desploman anónimos soldados, y donde toda la trama se centra en salvar al mundo del apocalipsis. No es que esté totalmente en contra de la ficción de espías que involucra la acción y cuyos argumentos sean mucho más ligeros; lamentablemente este tipo de películas ―la mayoría mediocre― suele despertar más el interés de los productores, ansiosos de atraer a las masas a las salas fijando en la cartelera nombres sonoros, por encima de argumentos serios.

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