viernes, 24 de enero de 2014

Escritores y Guerra Fría

Los géneros son algo muy abierto; cualquiera que pretenda imponerle unas reglas se encontrará muy pronto con excepciones. Decir, por ejemplo, que la novela de espías requiere los elementos de intriga y peligro a los cuales nos han acostumbrado los novelistas del ramo, es pasar por alto algunos clásicos como The Quitet American de Graham Greene. Siendo así, ¿es Operación Dulce —en inglés Sweet Tooth— una novela de espionaje?  

Serena Frome —pronúnciese frum—, joven, rubia y bella, es reclutada por el servicio interior de inteligencia británico, el MI5 y, tras un corto periodo en labores de oficina, asignada a la operación Dulce: el patrocinio de artistas por parte de la agencia de inteligencia con propósitos propagandísticos. Estamos, claro, en los años setenta; plena Guerra Fría, afuera, y guerra caliente, en casa, contra el terrorismo en Irlanda del Norte. Serena es asignada para reclutar y controlar a un joven escritor, Tom Haley; guapo y talentoso profesor de literatura, sin tiempo ni recursos para dedicarse al sueño de escribir una novela. Los recursos de la operación Dulce —canalizados a través de una fundación fachada—. Naturalmente, la bella protagonista y el guapo escritor inician un romance.

Bien. En esta historia no hay espías —se mencionan algunas operaciones, pero esto es solo trasfondo—, y la operación mencionada tiene un objetivo muy borroso. Ni claves, ni marcas en buzones, ni teléfonos intervenidos, tampoco disfraces o, menos, un arma humeante. Ian McEwan (Aldershot, 1948) ha construido un escenario teatral para desarrollar otra historia sobre conflictos de pareja. La imposibilidad de la felicidad en el amor, o bien, el fin del amor como promesa de satisfacción existencial, parece ser el tema principal de la ficción contemporánea.

El escenario del espionaje, la guerra cultural contra los soviéticos, las operaciones de propaganda, son solo un paisaje en el fondo del escenario: McEwan apenas nos da algunas sombras del cuartel general del MI5, de los procedimientos y el lenguaje de la inteligencia. Es la relación entre Serena y Tom la cual atrapa toda nuestra atención. El halo de la duda, de la mentira, y la incomodidad de la protagonista al no poderle decir toda la verdad a su amante, construyen el andamiaje sicológico de la novela.

En calidad de escritor y lector de novelas de espionaje, admito mi decepción con Operación Dulce. La historia de amor que en ella se desarrolla pudo haber tenido su puesta en escena en los años cincuenta, en la actualidad, bien en el mundo de las noticias, o entre la atmósfera de las finanzas. Unas palabras de agradecimiento y una lista de títulos, al final del libro, demuestran el interés del autor inglés por el tema de la cultura durante la Guerra Fría —entre otros, el muy en boga libro de Frances Stonor Saunders La CIA y la guerra fría cultural—, pero la novela no consigue exponer más del tema que una síntesis del mismo. Y, mientras pasaba las páginas, la impresión de tener en Tom Haley, un alterego, pasado, del propio McEwan, y una fantasía tal vez presente en la mente de otros jóvenes escritores: ganarse, al principio de su carrera, una beca caída del cielo, anudada a una hermosa y muy dispuesta mujer.

No hay espías en esta novela. Tampoco hay misterios, o falsas identidades, ocultas al lector, pendiente así de la revelación final. Solo hay secretos de pareja, cuestionamientos personales, reservas entre unos y otros y ningún cambio cuando la trama se ha desatado totalmente. Serena Frome no consigue ser un personaje con la suficiente complejidad para asumir todo el centro de la historia; pasa por ser una rubia de ideas ligeras, poca comprensión de la política, ningún interés profesional en la operación que lleva a cabo, y su desarrollo ideológico, presente en los primeros capítulos, se desvanece a medida que su relación con Tom ocupa cada párrafo de la narración.

Otra historia de amor más. ¿Puede llamarse esta una novela de espionaje? Por qué no, el arte es un espacio sin muros.


Operación Dulce. Ian McEwan. Anagrama 2013. 396 pp.

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