viernes, 30 de mayo de 2014

Barba azul

Amélie Nothomb escribe una novela por año; error, escribe dos o tres novelas por año y elige la mejor para publicarla. Amélie Nothomb escribe a mano, transcribe y corrige mucho; sus historias tienen la precisión de un cuento, funcionan mediante frases precisas y pulidas como estacas, y son capaces de abordar la multiplicidad temática que define a una buena novela. Meter la mayor información en el menor número de palabras, esa parece ser su consigna. Como una autora que no está limitada, ni interesada, por las dinámicas del mercado, puede experimentar con motivos, meterse en cualquier historia, volver a sus recuerdos personales o contarnos situaciones en las que las relaciones humanas se ponen en tensión, ya ocurran en Tokio, París o en el desierto de Nevada.

Barba azul; el título nos conduce al instante al relato de Charles Perrault: el horrible caballero con mansión y riquezas que asesina a todas sus esposas. En el presente, el castillo se ha trasladado a un palacete del distrito séptimo de París, y el noble es ahora encarnado por un aristócrata español, muy orgulloso de serlo, llamado Elimirio Nibal y Mílcar. Soltero y poco atractivo, su única forma de conocer mujeres es poner en alquiler uno de los cuartos de su casa. La novela empieza cuando una joven e inteligente joven belga, Saturnine, consigue hacerse al cuarto de alquiler. Don Elimirio entonces empieza su cortejo, aunque aclara que no desea casarse, ni parece interesado en sostener una verdadera relación íntima. Como el caballero del cuento, este español ha tenido otras inquilinas en la casa, todas han desaparecido, y al llegar se le advierte a Saturnine que, por ninguna razón, debe entrar en el cuarto de la puerta negra, cuyo contenido es secreto.

Los temas del cuento clásico, sobre la incurable impertinencia de algunas mujeres, y el precio a pagar por las fortunas caídas del cielo, se dejan a un lado en la novela, para presentarnos una relación basada en la percepción del arte, la belleza, y claro, la curiosidad. A pesar de la indiferencia inicial de Saturnine a la riqueza, el lujo y la personalidad del casero, es el inexplicable comportamiento de este, la singularidad del mundo de aquel hombre que ha pasado más de veinte años encerrado en su casa.

En sus últimas novelas, Amélie Nothomb se ha alejado, como personaje, de sus relatos. Mientras en Una forma de vida Nothomb se presenta como un personaje secundario, que enlaza una serie de cartas a fin de contarnos la historia de un soldado americano abatido por el sobrepeso, y en Matar al padre apenas aparece para dar una introducción a la obra, en esta, su novela más reciente traducida al español, está por completo fuera del escenario —salvo por la fascinación que Saturnine demuestra por la champaña, y su origen belga, no es posible establecer otra relación con la autora—.

En cuanto a estructura, Nothomb nos da un espacio reducido, un ambiente limitado por el cual se desplazan los personajes, algo muy próximo al teatro; por lo mismo, los diálogos dominan la narración, y en ellos, en el juego constante entre el moderno barba azul y la princesa contemporánea se baten, se construye toda una red de sentidos que alcanzan casi los campos de la filosofía.


Barba azul, Amélie Nothomb. Traducción de Sergi Pàmies; Anagrama 2014

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