sábado, 17 de mayo de 2014

¿Por qué los poetas no salen en la tele?

Si hay algo en incremento gracias a las redes sociales no es la vigilancia del gobierno —esta solo se ha hecho más fácil— sino la estupidez, y, más peligroso aún, la ignorancia política.

La gente pierde cada vez más tiempo en la red; esto es normal, y aceptable, dado nuestro continuo afán de información, no solo sobre los hechos trascendentes en el contexto local y global, sino porque necesitamos saber sobre nuestros amigos, familia, pareja, y hacernos ver, sentir, y mantener el diálogo entre nuestro pensamiento y el entorno social alrededor de nosotros. Internet ha conseguido proveer ya casi todas las formas de entretenimiento legal, y su cantidad de contenidos en audio, video y texto supera la cantidad de consumo posible por una persona durante años. Y cada vez aumenta. Este es uno de los alcances de la apertura de la comunicación de redes; es un logro sobre los demás medios, limitados a la visión y objetivos de sus propietarios.

Las redes sociales han democratizado, aún más, el intercambio de datos y la expresión individual. Hoy un tweet puede ser retweeteado tantas veces como ediciones vendía un periódico nacional hace sesenta años. Un video viral alcanzar más espectadores que televidentes cualquier final del Super Bowl, y así y así. Sin embargo, la eliminarse los límites propios a los canales usuales de transmisión, la corriente se contamina por toda clase de ideas. Y las ideas más peligrosas empiezan a ser las más fáciles de reproducir, ya que estas son las más simples, las más generalizadoras.

Quizá usted mismo ya ha pensado esto. Si lo menciono hoy, habiendo pasado tanto tiempo desde mi último post, se debe a una caricatura con la que me topé hace poco. La imagen (arriba) apareció en el muro de uno de mis contactos en Facebook; al dar clic en esta, pude leer los comentarios de, al menos, unas cincuenta personas, y todas decían algo como esto: “Por que vivimos en un sistema en el que lo bueno es malo y lo malo es bueno, y hasta los idiotas lo estan notando por fin  mejor tarde que nunca” (sic), o esto:

Es intencional, hay que alimentar la violencia,el negativismo,todo es oscuro,violento ,no pasa nada bueno,...Si compartieran y difundiera la infinidad de actos solidarios,la infinidad cosas positivas que suceden en el mundo ,por ahí nos iríamos contagiando,tomaríamos ejemplo ,disminuiría la violencia, el egoísmo,el ansia del poder sea como sea.....y eso a las grandes empresas que dominan el mundo no les conviene (sic)

La lectura de la caricatura es directa; no hay un doble juego de sentido, ni pretende ser —o al menos no es leída como— irónica. Los poetas no aparecen en televisión porque para los “altavoces del sistema” no son noticia. Una ampliación del mensaje es este: para el sistema de comunicación masiva del Sistema —los malos, los dueños del mundo; escriba usted mismo el nombre de su villano o conspiración favorita— las artes son temas irrelevantes si se comparan con los causantes de los males en la sociedad. Repito, no hay nada en la caricatura que dé cabida a una interpretación opuesta del mensaje; no hay juegos del lenguaje, ni los personajes dan indicación alguna sobre una posible ironía.

Imágenes como esa, y otras del mismo estilo, abundan en las redes sociales; actualmente ni siquiera se necesitan dotes artísticas para presentar en forma de caricatura una opinión: los memes —nada que ver con el concepto de meme descrito por Dawkins— ni siquiera exigen el empleo de una herramienta de software; solo cargue la imagen a cierta página, añada texto y comparta. El sentido humorístico ha desaparecido a favor de la simple opinión. La caricatura aquí citada carece de cualquier gracia y prefiere limitarse a caer en el lugar común, en la filosofía Osho de que “ninguna sociedad quiere que seas sabio”, en la que, el “sistema”, conspira contra la humanidad para sostener el actual estado de las cosas. El conservador, el mediocre mental ve esta clase de imágenes, lee estos mensajes simplistas y se disparan sus endorfinas al ver sus creencias reafirmadas por otros. Este es el mayor peligro para nuestra sociedad occidental, estamos perdiendo el debate y la crítica por la comunicación masturbatoria. El ateo de pancarta aporta un “like” a cada meme contra la religión; el religioso hace otro tanto; el nacionalista, el liberal, el comunista y el libertario. Buscan grupos de interés, rodearse de los suyos, autosatisfacerse con cada video en YouTube que reafirme sus convicciones. Si no escuchamos a la contraparte siempre estaremos seguros de nuestra infalibilidad de creencias.

Se navega por la red, se visita el Facebook, se da “like”, se comparte o se comenta una imagen y hasta ahí llega la actividad política de muchos. Anteriormente, antes de hablar sobre un tema se tenía la razonable prudencia de consultar primero un libro, si quiera una enciclopedia; ahora se es experto en cualquier asunto solo porque queda abierta la casilla de opiniones en los posts de las noticias. Aunque, es evidente, exteriorizar puntos de vista sobre los acontecimientos diarios es algo hecho desde siempre, solo hasta ahora esas opiniones corren el riesgo de ser tomadas como anotaciones indiscutibles de acertados expertos. La caricatura arriba expuesta había —hasta el momento— sido compartida 18.870 veces en Facebook; casi veinte mil personas condensaron en una imagen lo que consideran es el patrón seguido por los medios masivos. Cerca de veinte mil personas creen en la existencia de un “sistema”, un enorme mecanismo de control sobre nuestra sociedad por parte de unos oscuros hombres de oscuros intereses. Sus altavoces, los medios, al parecer no están interesados en “lo bueno del ser humano”, sino solo en lo malo, para así, me imagino —siguiendo su lógica— perpetuar el estado de las cosas.

¿Por qué los poetas no salen en la tele? —las noticias—, simple: porque su actuar no afecta a nadie, mientras lo que hagan los políticos sí tiene un peso real en nuestras vidas; finalmente para ello les pagamos; y porque los asesinos, ladrones y corruptos representan los principales factores de deterioro de nuestra sociedad, contra los cuales debemos estar preparados, o al menos informados. Yo necesito que periódicos y noticieros me tengan al tanto de los eventos trascendentes; si las cosas mejoran o empeoran; si hay una nueva modalidad de hurto de la cual deba protegerme o si determinado senador, ahora aspirante a presidente, realizó actos de corrupción durante su cargo. Se toman decisiones económicas, sociales, de seguridad y demás a partir de la información, y la que más se requiere es aquella relativa a las amenazas sobre nuestras cabezas, así que por qué diablos habrían los medios de ocupar sus espacios, en imagen o texto, con poetas. ¿A quién diablos le afecta la vida o trabajos de los poetas? A nadie.

A quienes nos interesa la poesía buscamos información sobre esta en revistas especializadas, libros y, por suerte, internet. La red se ha convertido en uno de los mayores centros de intercambio de las artes en toda la historia. La tecnología está incluso venciendo algunos obstáculos en la vía de la creación literaria; desde talleres de creación virtual hasta blogs y publicaciones electrónicas para aquellos que no desean, o no pueden, tratar con un editor, pagar impresión o distribución.


Debemos elevar el nivel de comprensión de las personas, no reducirlo. Me aterra que los mismos grupos de personas que parecen ser conscientes de la importancia de la educación en este país caigan en el estúpido facilismo de sus contrarios, limitando su interpretación del mundo a memes y dibujitos; lugares comunes y reduccionismo.

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