viernes, 4 de septiembre de 2015

Malgré une photo

Hay una historia que he de haber escuchado un centenar de veces. Un hombre aparece en una playa española, ahogado y, tras la revisión rutinaria de la policía, encuentran en él documentos sobre las operaciones de invasión británicas de las próximas semanas. Alertados los alemanes, alteran su disposición defensiva, con lo cual caen en una trampa creada por el MI6. Entre millones de muertos, solo algunos llegan a cobrar relevancia en la historia.

Aylan Kurdi, el niño de tres años cuyo cadáver bocabajo en una playa turca ha llevado a muchos a la consternación, es solo uno de las decenas de muertos que ha cobrado la ola de refugiados e inmigrantes que se ha volcado sobre Europa y las américas durante los últimos dos años. La revista The Atlantic presenta los siguientes números:

El número de inmigrantes que han cruzado las fronteras europeas este año: 340.000. Siria —en medio de una sangrienta guerra civil— es la mayor fuente de inmigrantes. El conflicto ha generado 4 millones de refugiados. De estos, 1.9 millones están en Turquía, 1.1 millones están en Líbano, 629,245 en Jordania, 1.500 en Estados Unidos, y cero en los estados del Golfo, incluyendo Arabia Saudita”.

Refugiados somalíes se ahogan en el Mar Rojo. Otros, sudaneses, mueren intentando alcanzar Italia. No hay fotos de niños varados en una playa, ergo el impacto es menor; la indignación se limita a un comentario en Facebook bajo la noticia que aparece entre los resultados del partido de fútbol y las peor vestidas de los premios musicales. Y esa indignación no es otra cosa que no parecer fríos e indiferentes ante las tragedias mundiales, de otra manera seremos considerados inhumanos frente a nuestros congéneres. Nada cambiará por retwittear la foto de Aylan Kurdi, añadiendo un “qué horror”. En suma, nada se consigue por demostrar un impacto emocional más allá de sentir que cumplimos nuestro deber cultural ante la tribu, como occidentales modernos y humanistas. Algunos, claro, no se limitan a expresar su dolor cívico; hay que encontrar culpables. Como no están tan enterados del asunto, y acaso tienen dos o tres referencias geográficas, apuntarán su alegato contra los Estados Unidos, o Europa, o Alemania. Estados Unidos —según la falsa izquierda de cafetín universitario— es la culpable de todo bajo el cielo; Europa —por la que soñarían pasearse y autorretratarse junto a sus museos y plazas— tiene su cuota de culpabilidad, por ser rica, capitalista, mayoritariamente blanca, y socia militar de los bellacos gringos.

Hecha la tarea de compartir la foto del niño ahogado, señalar que Estados Unidos es el causante de esto —Canadá tendrá también su responsabilidad por no prever que al no concederle asilo a la familia de Aylan este terminaría falleciendo—, los intelectuales de red social se sentirán mejor al reforzar ante sus círculos sociales su posición humanista. El resto de las situaciones referentes a los conflictos de Próximo Oriente les tendrá sin cuidado, hasta que la próxima foto impactante les dé alcance.

Hacia el final de La guerra de los mundos, Wells, o su narrador, afirma que la muerte de ningún hombre (humano) es en vano. Eso nos gustaría, más es incorrecto. Toda especie animal afronta sus millares de muertos, y al final del día, cuando la tendencia en redes sociales deje de ser el pequeño Aylan Kurdi, ni la situación en Siria, ni la crisis humanitaria por los refugiados, ni el mercado de valores, ni la geopolítica, se verán afectadas por su cadáver ahogado. Entre tanto, Le Monde ha debido pedir disculpas por dejar que una publicidad de Gucci —en que una modelo yace sobre una playa— quedase en la misma página de la foto de Kurdi. De nuevo, el presidente sirio Bashar Al-Assad no cesará su guerra de terror, ni las bandas de señores de la guerra que combaten a su gobierno dejarán las armas. La corriente de refugiados seguirá fluyendo, con su costo de ahogados, mas debemos ser nosotros, políticamente educados occidentales, quienes asumamos el costo moral por el fascismo, el guerrerismo, el nacionalismo y la criminalidad religiosa del resto del mundo. Ni Rusia, ni China, potencias económicas y militares, dejarán de enviar armas a la región; tampoco cambiarán sus políticas ante el copie-y-pegue masivo de la foto del pequeño Aylan; ni recibirán a un solo refugiado.


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